viernes, 14 de abril de 2017

Concursos

1.
Hace unos años fui jurado del premio de poesía "Renato Sierra". El concurso contó con escasa publicidad, y el monto del premio era exiguo.Pese a todo, llené una caja, toda una gran caja con poemas que los concursantes enviaron a cada uno de los jueces. Dejando a un lado los participantes más rezagados, a los que todavía desembuchan sus resentimientos personales en culebrones escritos en tercetos (y la receta fue buena , sólo que hace siete siglos), resultó que la gran mayoría de los aspirantes al laurel estaba compuesta de poetas modernísimos, difíciles y abstrusos, no inspirados por las musas sino, respecto a las intenciones, perfectamente à la page. ¿Quiénes eran ellos? Sólo en algunos casos era posible identificarlos: maestros de escuela, curas, madres de familia, comerciantes; industriales que ponen a temblar a sus dependientes, pero que ellos mismos tiemblan por temor a que descubran su "pequeño vicio" poético; médicos, contadores, suboficiales del ejército: todo un mundo que produce (clandestinamente) y que adquiere poesía (cuando puede).

                                                                                        corriere della sera, 11, xi, 1949


["eugenio montale, sobre la poesía", ed. uam-azc., méx., 1992, trad. guillermo fernández]


2.
Hoy en día es usual, al revisar el curriculum de un vate, que ha hecho carrera a base de acceder a premios literarios aquí, allá y acullá; que se le ha incluido en antologías variopintas -desde los novísimos de su pueblo hasta aquellas selecciones que aglutinan temas regionales como la violencia generada por el crimen organizado, los que escriben en lenguas originarias, hasta los disidentes de la norma sexual ortodoxa, las feministas, etcétera-. Pero hay pocos que leen poesía, guiones de cine, obras de teatro o que se ocupan en visitar museos. Supongo que también habrá madres de familia, como las que menciona el poeta Montale, en 1949, -hace casi setenta años- que ahora se ocupan de buscar a sus hijos desaparecidos en fosas clandestinas de las que está "sembrado" todo el territorio de México; o procuran -integradas a las llamadas "Patronas del Sur"-, brindarles un pedazo de pan y una botella de agua a los que viajan por tierra en el tren conocido como "La Bestia".

                                                                                    Dogville, 14 abril 2017

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