domingo, 12 de marzo de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Testamento

Las vendas que llevé
en el torso bajo la ropa
del sueño; el amoniaco
que me despertó de sueños;
la oración que repetida
me hizo cobrar aliento;
el bisturí de práctica
de sangrías; las obleas
que disminuyeron frecuencias
elevadas; el fuego que acabó
con sueños, mensajes,
promesas, engaños, festejos;
los pistilos de noches,
madrugadas, amaneceres.

Todo, guardado meticulosamente
en cuadernos viejos, en
calendarios caducos,
incluso en paredes, se quedarán
en esta casa, en aquella maleta,
en esas puertas que hoy,
a primera hora, cierro.


[Inédito] 

1 comentario:

H. Barrero dijo...

Un testamento para el olvido, un testamento para la vida.