jueves, 8 de diciembre de 2016

Marianne Moore (1887/1972 )


El espíritu es una cosa encantadora



es una cosa encantada
al igual que el lustre en un
ala de chicharra
subdividida por el sol
hastas que las redes son legión.
Al igual que Gieseking tocando Scarlatti;
al igual que la lezna del ápterix
como un pico o el
chal para la lluvia de kiwi
con sus plumas peludas, el espíritu
avanza tanteando como un ciego,
sigue su marcha con los ojos fijos en el suelo.
Tiene el oído de la memoria
que puede escuchar sin
tener que escuchar.
Al igual que la caída del giróscopo,
realmente inequívoca
porque la certifica una certeza reinante,
es un poder de
enérgico hechizo. Es
como el cuello
de la paloma animado por
el sol; es el ojo de la memoria.
Es una concienzuda inconsistencia.
Arranca el velo; rasga
la tentación, la
bruma que lleva el corazón,
en sus ojos; siempre que el corazón
tenga cara; desarma
el abatimiento. Es fuego en el cuello irisdicente
de la paloma; en las
inconsecuencias
de Scarlatti.
La no-confusión pone
a prueba su confusión; no
es un juramento de Herodes que no se puede cambiar.


("otra iglesia es imposible", trad. e.l. revol)

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