domingo, 20 de noviembre de 2016

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Washington McNeely



Rico, honrado por mis conciudadanos,
padre de muchos hijos nacidos de noble madre,
todos criados ahí,
en la gran mansión de las afueras del pueblo.
¡Fijaos en el cedro que hay en el césped!
Mandé a todos los chicos a Ann Arbor y a todas las chicas a Rockford,
mientras seguía mi vida ganando más riquezas y honores,
descansado bajo mi cedro al atardecer.
Pasaron los años.
Mandé a las chicas a Europa;
les di dotes cuando se casaron.
A los chicos les di dinero para empezar sus negocios.
Eran hijos fuertes, prometedores como manzanas
antes de que aparezcan las partes picadas.
Pero John escapó del país en desgracia.
Jenny murió de parto...
Yo seguía sentándome debajo de mi cedro.
Harry se quitó la vida después de una juerga.
Susan se divorció...
Yo seguía sentándome debajo de mi cedro.
Paul quedó inválido de tanto estudiar,
Mary se recluyó en la casa por el amor de un hombre...
Yo seguía sentándome debajo de mi cedro.
Todos estaban muertos o con las alas rotas o devoradas por la vida...
Yo seguía sentándome debajo de mi cedro.
Perdí a mi compañera, la madre de todos ellos...
Yo me senté debajo de mi cedro
hasta que redoblaron los noventa años.
¡Oh Tierra maternal que acunas las hojas caídas hasta que se duermen!



("otra iglesia es imposible",trad. jesús lópez pacheco y fabio l. lázaro)

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