domingo, 16 de octubre de 2016

Pablo Anadón (1963 )

Los muertos


Un día no estarán
y tendré tu cabeza entre mis manos
apretada en el pecho
como un niño de horas,
puro desvalimiento envuelto en un abrazo.
Entonces, el sollozo
será definitivo,
agua que baja al fondo
de unas palmas en cuenco
y allí se queda para siempre, espejo
de todo el que ha nacido:
solo, sólo uno mismo, planta acuática,
las raíces colgando a la deriva...
En la corriente negra,
brillantes de dolor nos amaremos
como sólo se aman

los hijos de los muertos.


("de sibilas y pitias")

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