sábado, 22 de octubre de 2016

Adélia Prado (1935 )

Poema extraño


Me duele la cabeza a los treinta y nueve años.
No es hábito. Me duele rarísimamente.
Nadie tiene la culpa.
Mi padre, mi madre, descansaron sus fardos,
no existe más el modo
de que tengan sus ojos sobre mí.
Madre, oh madre, oh padre, mi padre.
¿Dónde se escondieron?
Están dentro de mí.
No les hice mausoleo, puse a los dos en el suelo.
Una mata de no-me-olvides morado,
que abunda en los cementerios.
creció allá porque quiso.
Quien la plantó fue el viento, el agua de la lluvia.
Quien la va a matar es el sol.
Pasó el día de muertos; no fui, tampoco fui en el aniversario.
¿Para qué, si cualquier lugar me sirve para llorar?
No voy de tanto recordarlos.
Ooooh, padre. Ooooh madre.
Dentro de mí responden
tenaces y duros
porque el celo del espíritu es sin mimos:
Heeey, hija.


("huellas en la ciénaga", versión francisco navarro)


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