martes, 2 de agosto de 2016

Mary Jo Bang (1946 )


El terremoto que no la despertó



No la despertó el terremoto en España.

El día siguiente se llenó de cosas muertas.  Bueno, no totalmente, algo.

Al llegar a la puerta de entrada, sintió quebrarse un caparazón



bajo su pie.  En el baño, una enorme cucaracha

yacía de espaldas sobre el borde de mármol; las antenas

muertas anunciaban el futuro señalando la boca de plata



que luego tragaría el agua tras lavar su cara.

¿Quién no hubiera deseado un rápido retorno

al sueño de anoche?  La idea, ella lo sabía, era permanecer despierta,



y al caminar por la niebla gris del día, lograr con engaños que lo vaporoso

actuase como algo concreto: una voluta de humo de cigarro,

por ejemplo, podría convertirse en edificio de Lego de una pulgada



reflejado en la ventana de un bus bloqueando la calle.

La gente a veces se ve a sí misma como una imagen que calza

en una añoranza inventada: un bosque de juguete, un grillo desfigurado, el



loto, más o menos puro.  La noche antes del temblor, fue por tren

a ver una opereta de trama inverosímil.  Vio a un hombre

de abrigo castaño y corbata, muy parecido a Kafka.



Al día siguiente, llamó a un amigo para quejarse de los insectos.

Desde una lejana ciudad él—la voz grave y algo quejumbrosa—le dijo:

“¿No estás bien? ¿Te hace falta algo?”


("círculo de poesía", trad. francisco larios)

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