jueves, 25 de agosto de 2016

Eileen Myles (1949 )

Un poema americano


Yo nací en Boston
en 1949. Nunca quise
dar a conocer este hecho, de
hecho, me he pasado la mayor parte
de mi vida adulta tratando de barrer
mis primeros años bajo
la alfombra y llevar una vida
que fuese claramente mía
e independiente del
destino histórico
de mi familia. Pueden
imaginarse lo que era
ser una de ellos,
estar hecha como ellos,
hablar como ellos
cargar con los beneficios
de haber nacido dentro
de una familia americana
tan rica y poderosa. Yo fui
a los mejores colegios,
tuve toda clase de entrenadores
y tutores, viaje a todas partes,
conocí a los famosos,
a los controversiales, a los
no muy admirables
y supe desde muy temprano
que si había alguna posibilidad
de escapar del destino colectivo
de esta famosa familia de Boston
yo tomaría ese camino
y lo he hecho. Me subí
al Amtrak a Nueva York
a principios de los setenta
y creo que
podría decirse
que fue el principio
de mis años ocultos. Pensé:
seré poeta.
¿Qué podría ser más absurdo
y raro?
Me hice lesbiana.
Todas las mujeres
de mi familia
parecen lesbianas
pero de ahí a realmente
serlo, hay un gran salto.
Manteniendo esta ignominiosa
pose he visto
y he aprendido y
estoy empezando a
creer que no se puede
escapar a la historia. Una mujer
con la que estoy teniendo
un romance me dijo
sabes que pareces
una Kennedy. Sentí
como mis mejillas
se encendían. La gente
siempre se ha reído
de mi acento de Boston
confunden "large" por
"lodge", "party" por
"potty". Pero
cuando esta desprevenida
mujer invocó por primera
vez mi apellido
supe que se había
terminado la farsa. Si, lo soy,
soy una Kennedy.
Mis intentos
por permanecer
oculta han sido infructuosos.
Empezando como una humilde
poeta ascendí rápidamente
en los rangos de mi profesión
alcanzando una posición de
liderazgo y honor.
Esta bien que ahora
una mujer
me descubra. Si,
soy una Kennedy.
Y espero
tus ordenes.
Ustedes son los Nuevos Americanos.
Los desahuciados deambulan
las calles de la más grande ciudad
de esta gran nación. Entre ellos, hombres
con SIDA y sin hogar.
¿Eso está bien?
Que no haya casas
para ellos, que no haya
atención medica gratuita
para estos hombres. Y mujeres.
Que reciben el mensaje
-mientras están muriendo-
de que esta no es su casa.
¿y como están
tus dientes hoy?
¿puedes permitirte el lujo
de arreglártelos?
¿cuánto pagas de alquiler?
Si el arte es la más alta
y más honesta forma
de comunicación de
nuestro tiempo y un joven
artista ya no puede
mudarse aquí para hablarle
a su tiempo... Sí, yo pude,
pero eso fue hace
15 años, y recuerden -
como debo hacerlo,
yo soy una Kennedy.
¿No deberíamos ser todos unos Kennedy?
La ciudad más grandiosa
de esta nación es hogar
del hombre de negocios y
del artista rico. Gente con
hermosas dentaduras que no
viven en la calle. ¿Qué debemos
hacer ante este dilema?
Escucha, yo he sido educada.
He aprendido sobre la
Civilización Occidental.
¿Sabes cuál es el
mensaje de la
Civilización Occidental? Estoy solo.
¿Estoy sola
esta noche?
No lo creo. Acaso soy
la única con encías
sangrantes esta noche. Soy
acaso la unica homosexual
en este cuarto. Acaso la única
cuyos amigos han muerto, se
están muriendo ahora.
Y mi arte no puede
ser sostenido hasta hacerse
gigantesco, más grande que
ningún otro, confirmando
esa sensación de la audiencia
de que están solos. Que unicamente
ellos son buenos, merecedores
de comprar las entradas
para ver este Arte.
Están trabajando,
tienen salud, deben
sobrevivir, y son normales.
¿Eres tú normal
esta noche?
Todos aquí, todos somos
normales.
No es normal
que yo sea una Kennedy.
Pero ya no siento
vergüenza, ya no estoy
sola. Y ya no estoy
sola esta noche, porque
todos somos unos Kennedy.

Y yo soy su Presidente.


("revista ping pong", trad. giselle rodríguez cid

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