miércoles, 24 de agosto de 2016

Billy Collins (1941 )



Locos



Dicen que puedes joder un poema
Si hablas de él antes de terminarlo.
Si lo dejas ir demasiado temprano, advierten,
Tu poema saldrá volando,

Y esta vez tienen toda la razón.
Piensa en la noche en que te comenté
Que quería escribir sobre los locos,
Como tan alegremente los llaman los diarios,
Que atacan obras de arte, no en críticas,
Si no con cuchillos de pan y martillos
En los silenciosos museos de Praga y Ámsterdam.

De hecho, ellos son los verdaderos artistas,
Dijiste, moviendo el hielo en tu vaso.
El destornillador es su pincel.
Los verdaderos vándalos son los restauradores,
Continuaste, lentamente poniéndome patas arriba,
 Esos con sus batas blancas
Que cierran la herida en el paisaje,
Arruinando así el verdadero arte de los locos.

Miré cómo mi poema volaba hasta el frente
 Del bar y rondaba ahí
Hasta que el próximo cliente entró—
Entonces lo miré salir por la puerta hacia la noche
Y navegar, solitario, podía imaginarme,
Sobre los oscuros tejados de la ciudad.

Todo lo que quería decir
Es que el arte es también corto,
Como puede enseñarnos una navaja con un corte o dos,
Que sólo parece largo comparado con la vida,
Pero esa noche, manejé solo
Sin nada meciéndose en la jaula de mi corazón
Excepto la pequeña esperanza de que quizás
Podría darle un rápido vistazo
En el abanico de mis luces delanteras,
Subido en un letrero de la ruta o en un poste de luz,
Pobre pájaro no escrito, sus alas dobladas,

Mirándome fijamente con sus pequeños ojos iluminados.


("revista ping pong", trad. giselle rodríguez cid)

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