lunes, 11 de julio de 2016

Rubén Bonifaz Nuño (1923/2013 )

Del templo de su cuerpo


E

Aromado como la mañana
en los huertos llovidos, flota
tu cuerpo, ya a medias en las redes
del despertar. Santos aceites
exudados de las bestias húmedas
que por dentro lo forman, ungen
el calor dormido entre tus sábanas.

Gloria insigne de la corruptible
eternidad, lo sientes; pruebas,
con él, la carne de la dicha
perdurable; te transmuta entera
en la suavidad ambicionada
de tu anillo de bodas. Naces.

Pobre yo, pecador, te indago
en su opulencia; te pretendo
a tientas; exploro, paulatinos,
sus invernaderos de profundos
cálices; su raso de cisternas
escruto; sus rincones de ámbar,
sus olores de urnas memorizo.

Y recibo de él los santos óleos
del postrer bautismo y la primera
extremaunción. Y tú me absuelves.


("del templo de su cuerpo", fce. méx., 1992)

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