jueves, 28 de julio de 2016

Derek Walcott (1930 )

A mitad del verano

XXV

Mi cara, quemada por el sol como una terracota.
Lleva el calor de su horno por toda la casa.
Me gustan sus arrugas como las del agua azul.
El jején hace pequeños huecos en el cacto dentado,
una hornilla encrespó las hojas del laurel rosa
y una rama del palo de campeche se cubre de letras salvajes.
Una casa de piedra aguarda en el peldaño. Su porche llamea, blanco.
Te cuento una promesa que me trajo la ola:
"Verás a la transparente Helena pasar como una llama
al sol, sin peso como el humo que no hace sombra
en la arena". Mis palmas están rajadas por la cuerda
con que arrastré una barca por más de cuarenta años.
Mi Jonia es el olor de la yerba quemada, el chamuscado manubrio
de una cisterna chirriando en agosto sobre mohosas islas,
las líneas que amo conservan todos sus nudos.
En la tarde aturdida, cuando hace mucho calor para pensar
y la musa de este océano entre islas espera un nombre,
y desde el saldo, oscuro cuarto, la tensa línea del horizonte no acoge
nada, yo espero. Las sillas sudan, los papeles se arrugan en el suelo,
un lagarto boquea en el muro. El mar relumbra como el zinc.
Y en el vano de la puerta: no Nike, soltándose la sandalia,
sino una muchacha, la mano apoyada en el marco, sacudiéndose
                                                                                [del pie la arena.


(pleno verano, poesía selecta, vaso roto, barcelona, 2012, trad. j. luis rivas)

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