miércoles, 29 de junio de 2016

Juan Vicente Piqueras (1960 )

Perdices


Lo que un día fue templo,
acantilada fe en el dios del mar,
hoy es un arpa al viento solitaria
que sólo el viento toca, no tu asombro,
más o menos cansado, de fiel buscando dioses,
de huérfanos de mar
que quisiera dejar su nombre escrito
sobre una de estas piedras
su nombre y una fecha, la de hoy,
la única que somos.
Acuden las perdices al borde del abismo
a ver atardecer. Tal vez en otra vida
una de estas perdices fuera Egeo, esperando.
Entre matas de mirto y de retama,
capiteles caídos y piedras que parecen
pensarnos, las perdices
a veces se detienen y miran a la cámara,
como posando para los turistas
que, al no poder rezar, sacan fotos de todo.
Lo que un día fue fe hoy es fotografía.
En vez de venerar, sacamos fotos
de las perdices, del atardecer,
de las piedras, del cielo, de un amigo,
del ángulo de sombra, del detalle del mirto
que crece en una grieta.
Sacamos fotos de nuestra ansiedad,
las guardamos y ya nunca jamás
volveremos a verlas.
Después de largo rato contemplando
el mar, el horizonte, los matices
de la luz en las nubes, el perfil
de las islas, el templo,
lo que queda del templo,
a los demás turistas, cada uno
haciendo más o menos la misma foto
de la fe que nos falta,
nos vamos, agotados,
hacia donde el vacío pese menos,
a un lugar donde nada te pida sentir nada,
damos la espalda al templo, al día, al mar,
descendemos igual que desciende del cielo
una luz que parece de ceniza cernida.
El viento (¿o es el tiempo?)
toca el arpa de mármol y una música
que no escuchamos suena, nos despide.
Como perdices solas, desbandadas,
bajamos la colina
hacia el coche, la noche, lo mañana olvidado.


("life vest under your seat")

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