domingo, 14 de febrero de 2016

LEMEBEL, CRONISTA





Las cárceles

Es así que, en apariencias, la vejación en las cárceles de hombres sería la más traumática, dejando secuelas que llevarían al suicidio. Pero las apariencias engañan, "los muchachos de antes también usaban vaselina" y los padres de la patria ya no tienen patio trasero que defender. Más bien se lo juegan en barajas de ocio ganado y perdido, montándose unos a otros con las trenzas sueltas del encierro. En el adentro, nada es tan terrible; basta apretar los dientes, morder los encajes de la sábana carcelaria, relajar el esfínter y olvidarse de la ideología. "A desalambrar" y morir en la rueda, porque la hemorragia de la propaganda estigmatiza a quien delata el salivazo del hermano. Si Abel se hubiera hecho el leso, Caín sería su marico. [en "encajes de acero para almohada penitencial", La esquina es mi corazón, Seix Barral, 2004]

Tía longeva

Pero hay veces que también las tías se dejan desnudar por un guante tarifado. Cuando el taxi-boy tiene un filamento de lengua Mastroianni, cuando le hace creer que la sucia pileta de la plaza Fontana de Trevi, y Anita Eckberg está muy gorda para repetir la zambullida de "La dolce vita". Entonces, las manos del péndex, sedientas de monedas, le arrancan el corpiño, le sacan el refajo, la descueran de camisetas y calzoncillos de franela, la dejan a contraluz, en pose de venus sujetándose la charcha. Pero ella sin deshacer la esfinge, precavida como la experiencia le enseñó, detiene el submarino a la entrada de la cueva. Ataja el torpedo en su máxima latencia, y saca un condón tejido a crochet, plastificando la dureza peligrosa. Ahora sí, dice campante, las reliquias se tocan con guante. [en "carrozas chantillí en la plaza de armas", Loco afán,  Anagrama, 2000] 

El cuarto rey mago

Por eso se inventó un cuarto rey mago, que llegó meses después del nacimiento. Un rey mago cola que no venía por fe, sino más bien a la copucha del Mesías. Un visitante raro que no pudo ingresar a los aposentos de la Virgen porque "es un emisario de Sodoma", le dijo preocupado José a María. Y aunque los pastores solidarios con el enviado alegaron que si había sobrevivido al fuego y a la lluvia de brasas, además de pegarse la carreta cruzando carreteras y desiertos con tacos altos, tenía derecho a presentar sus credenciales. Pero a pesar de esta defensa y los rebuznos del burro, la Virgen se asomó disgustada entre las persianas y dijo "pero cómo se atreve". Y cerró la cortina sobre el visitante, que esperaba en la reja bajo el cielo enchispado de Belén [en "lucero de mimbre en la noche campal", La esquina..."]

1 comentario:

Uriel Martínez dijo...

Me escribe un amigo chileno:

Lemebel a pelo, como un verdadero mapuche;
bueno, más como una machi,
que solían ser señores-señoras ;-)
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