jueves, 11 de febrero de 2016

Joseph Brodsky (1940/1996 )

MCMXCIV


Tiempos muy malos: nada que robar y nadie a quien robar.
Las legiones regresan de sus expediciones por remotas regiones con las manos
vacías. Una sibila confunde el pasado con el futuro como si ella fuera un árbol.
Y actores, a quien ahora nadie aplaude,
olvidan los versos sublimes. El olvido, sin embargo, es la madre
de los clásicos. Algún día, estos años
serán vistos también como una mole de mármol
con una red de vasos capilares (el acueducto, el sistema
de impuestos, las catacumbas, las murmuraciones),
con una mata de hierba que brota del fondo de su grieta.
Puesto que éste era un tiempo de pobreza y de tedio,
cuando no había nada que robar, y menos aún que comprar,
por no decir nada que ofrecer en regalo a nadie.
La culpa no fue del César, quien sufría más que el resto
por la falta de lujo. Tampoco deberíamos de culpar a las estrellas,
pues el hondo celaje exime de toda responsabilidad a los planetas
para con las regiones habitadas: una ausencia
no puede influir en una presencia. Y aquí es precisamente donde
una losa de mármol da comienzo,, pues la unilateralidad
es enemiga de la perspectiva. Tal vez se trate sólo
de que las cosas, con más rapidez que los hombres,
perdieron el deseo de multiplicarse. En este santo cautiverio.
                                                                                                               

                                                                                                                1994


("y así por el estilo", ed. bilingüe, uv-xalapa, méxico, 2009, trad. josé luis rivas)

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