domingo, 10 de enero de 2016

Uriel Martínez (1950 )

Sala Tarkovsky


en la oscuridad de la sala Tarkovsky empezó a delinearse, gradualmente, la piel suave de un par de labios, el pulso tembloroso de las venas, el impulso del deseo.

nadie sabe su edad, ni la oscuridad de rizos e iris, la mentira de una sonrisa, los dientes frontales francos, pero ahí estaba, como animal en acecho.

ninguno mostró credenciales, ninguno preguntó ni escribió nombres en ese sitio dominado por nubes densas, por un rocío salpicado de uvas, cebada y centeno; era también la bodega de toneles abiertos, de bisagras vencidas por pesos pesados. era la noche. el escenario propicio.

callada, como niebla que cae de las partes altas, en madrugadas frías, bajó la ropa, abrió puertas, compuertas y diques; el deseo invadió , como aguas de junio eriales, breñas, huizaches. todo. arrastró reses al precipicio. nadie oyó ni vio nada.


                                                                                                             León

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