viernes, 22 de enero de 2016

Pilar Alba (1974 )

Muertos


A mí no me gusta andar poniendo altares de muertos. Eso no se usaba cuando yo era niña. Tampoco me gusta eso de andarse disfrazando y pidiendo calaverita. El camote y la calabaza sí me gustan, pero a mi edad me hacen tanto daño, que prefiero no comerlas y eso que duermo sola, no hay quien se moleste si de repente se me saliera un aire. Antes sí iba al panteón en este día, pero ya no, ni se puede caminar de tanta gente, prefiero ir uno o dos días después de que haya pasado el mitote, llevo mi escoba, mi tina para el agua, unas cuantas flores y ahora sí a limpiar y rezar un padre nuestro. Lo que sí me gusta es estar en la casa, sacar una caja de zapatos de debajo de la cama que es donde guardamos desde hace mucho tiempo las fotos de nuestros muertos. No, no son fotos de cuando estaban vivos, ésas las tenemos en los álbumes ahí en la sala para cuando la gente quiera verlos. Son las fotos de los difuntos, la última foto que se toma cuando ya está uno muerto. Cuando estaba niña me parecía algo tétrico, a quién se le ocurre andar retratando muertos. Pero ahora que ya soy mayor lo entiendo. Se trata de ver a la muerte como el último gran acontecimiento. Si se toman las fotos en los bautismos, en las primeras comuniones, en las bodas, en las graduaciones... por qué no tomar una última foto ya dentro de un féretro. Me paso todo el dos de noviembre viendo las fotos de mis muertos: los hay de todos los tamaños, grandes y pequeños, angelitos, solteronas; fotos sólo de los féretros cuando la causa de muerte no dejó llorarle a un cuerpo. Me gusta ver las fotos, ahora sé cuál era el otro motivo para retratar a los muertos, porque al ver sus imágenes nos damos cuenta que alguna vez estaremos con ellos.



[Inédito]

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