sábado, 16 de enero de 2016

C. K. Williams (1936/2015 )


Medusa



Una vez, en Rotterdam, una puta, en un bar, en un bar de marineros,

[un antro de putas,

abrió las piernas

—sus piernas, dios mío, gordas como troncos—, se levantó la falda

[y comenzó a acariciarse,

comenzó a acariciarse con ambas manos,

allí, justo allí, como si hubiese habido allí otra cosa, como si esa

[otra cosa fuese algo

que por casualidad ella tuviera allí, algo que ella quería

[que yo viese.

Yo apenas tenía veinte años, andaba buscando una muchacha,

[a la muchacha, así

como todos, siempre,

andamos en pos de una muchacha, y la mujer se reclinó allí,

[sobándose el coño con ambas manos, hablándole;

le preguntó si me quería, y luego, muerta de risa, me preguntó

[si yo lo quería,

mientras mi virginidad,

ese temor que tanto había luchado por perder, piedra a piedra

[se levantaba nuevamente

dentro de mí, como un muro.


("el cultural", la razón, méx., trad. rafael vargas)

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