miércoles, 6 de enero de 2016

C. K. Williams (1936/2015 )

Suciedad


Mi abuela me lava por dentro la boca
 con jabón; ha pasado más de medio siglo
 y todavía viene a mi
 con aquella cruel, dura barra amarilla.
 Todo por una palabra que dije,
 que ni siquiera dije, sólo repetí,
 pero Abre, dice, ¡abre la boca!
 sujetándome la cabeza con la mano.

 Ahora sé que su vida fue dura;
 perdió tres hijos cuando eran bebés,
 luego se murió su marido, también,
 dejándola con hijos pequeños, sin dinero.
 Me sostenía ante el fregadero para mear
 porque nunca había sitio en el baño.
 Pero, ¡oh, aquel jabón! ¿Fue quizá su acre sabor
 lo que hizo de mí un poeta?

 La calle en que vivía no estaba pavimentada,
 un apartamento de dos habitaciones estrechas y
 la fétida cocina en la que me cazó al acecho.
 ¿Me atrevo a admitir que después de aquello
 nunca volví a quererla realmente?
 Vivió hasta los cien, y ni así.
 Fue una época triste, de penurias,
 pero nunca, hasta ahora, la quise de nuevo.


("electricidad con ictericia", trad. de jaime priede)

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