lunes, 7 de abril de 2014

Mahmud Darwix (1941/ 2008 )

La cárcel

Ha cambiado mi dirección,
el horario de mis comidas,
mi ración de tabaco, me ha cambiado
el color de la ropa, la cara, la figura,
y hasta la luna
-tan querida aquí-
es más grande y dulce que nunca.
El olor de la tierra: perfume;
el sabor de la naturaleza: azúcar.
Como estar en la azotea de mi vieja casa
y que una estrella nueva
se clavase en mis ojos.


(fuente: editorial Pre-Textos, traducción de Luz Gómez García)

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