domingo, 16 de febrero de 2014

LA SED

Te uniste a la manada
una noche de luna nueva
como un acto de piedad
hacia ti.

Te hicieron espacio merced
a un gesto que no sabes
de qué soledad oculta
vieron en tus espejos.

Famélico bebiste con numerosos
animales llegados a abrevar
de un cauce intuido,
de ciegas vetas.

Quizá al fondo del pozo
haya un ojo de agua
que resurge en callados
manantiales. Quizá

Llegaste con la crin
alazana, sediento como
bestia silvestre que eres,
sin adivinar umbrales.

Habías trotado parte
de tu vida en espera
de astros y vientos propicios.
No esperabas otra cosa.

Fuiste parte del hato
cuando en el agua que bebías
encontraste alivio momentáneo a tu sed.

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