jueves, 13 de febrero de 2014

Gombrowicz, antes y después

Cuando un escritor muere, lo que queda es su obra. Y sus herederos: los legítimos, burocracia mediante, y los imaginarios, que son los que siguen o intentan seguir su camino. Los que lo toman como referencia, como punto de partida o faro, como ariete, como talismán. Los herederos imaginarios son quienes resignifican la obra de un autor y quienes, probablemente, la reinventen, le otorguen un nuevo lugar en el panteón de literatos consagrados, algo que no es nuevo en absoluto, desde Platón y Sócrates, desde Borges y Macedonio.
Con Witold Gombrowicz ocurre algo similar. Hace cuarenta y cinco años que murió, pero su nombre y su obra siguen expandiéndose, en parte por el trabajo de su viuda, Rita, y en parte por la filiación de un grupo de gombrowiczianos que, en el último tiempo, parece haberse acrecentado. ¿Será que, por los motivos que sea, Gombrowicz se puso de moda? ¿Será que después de tantos años se le van autorizando los pergaminos para ser parte del selecto club de los grandes? ¿Será que hay operaciones de marketing solapadas marcando el ritmo? ¿Será que las épocas cambian, y con ellas el deseo de los lectores, que quieren algo más? Una cosa es segura: hoy Gombrowicz vuelve a estar en las agendas de los medios, de los artistas, de los investigadores, y cada uno utiliza su nombre y su obra como quiere, lo reinventa como puede.
Kronos

 Cada tanto ocurre: un editor, o un bibliotecario, o un amante desconocido saca a la luz el manuscrito inédito de un escritor, un texto que hasta ese momento se pensaba perdido o, directamente, se ignoraba que pudiera existir. Algo similar ocurrió con Kronos , el libro que Rita Gombrowicz mantuvo en secreto hasta 2013, cuando en mayo finalmente se editó. El libro consta de los apuntes que Gombrowicz tomó en hojas del Banco Polaco desde 1953 hasta su muerte, en 1969. Allí habla de lo más íntimo de su vida, explicitando cosas que hasta ese momento eran solamente sospechas, intuiciones, hipótesis.
Hay que pensar que cuando Gombrowicz comenzó a hacer todas estas anotaciones tenía 49 años, y que escribió desde su nacimiento hasta pocas semanas antes de morir. Es decir: en Kronos el pasado (lejano o inmediato) queda no solamente supeditado a las fragilidades de la memoria, sino también a la construcción tardía que Gombrowicz hace de los momentos, las percepciones y demás. Todo esto, claro, si pensamos que en estas hojas su autor era completamente honesto, algo que probablemente no podamos asegurar. Aunque, a diferencia de su conocido Diario (pensado y escrito especialmente para ser publicado por la revista Kultura ), este texto no tenía, aparentemente, a la imprenta como destino seguro.
Kronos fue editado como libro, aunque originalmente no lo fuera. En los manuscritos de Gombrowicz estas hojas sueltas son un compendio de enumeraciones, mes a mes, que generalmente carecen de narrativa. Hay fechas, hechos, momentos precisos. Como si fuera una agenda de lo que fue ocurriendo en su vida. Es decir, como una agenda al revés: hecha en retrospectiva, para no olvidar a dónde fue, qué hizo, con quién estuvo, qué pasó.
La historia de cómo Gombrowicz llegó a la Argentina es bastante conocida: siendo un escritor polaco en ascenso, fue invitado a cubrir periodísticamente el viaje inaugural de un transatlántico que cruzaba desde Polonia a la Argentina. La versión tradicional (que es la que siempre narra Gombrowicz y que es aceptada casi sistemáticamente por los especialistas y el público en general) es que el barco llegó a Buenos Aires y entonces, luego de un par de días, la Segunda Guerra Mundial estalló.
Con las fronteras cerradas el retorno a su patria se hizo imposible, y por eso dejó zarpar el barco. Lo que ocurrió, realmente, es que los hechos fueron prácticamente iguales, con la única diferencia de que primero el barco zarpó, y la guerra estalló después. Tal vez la novedad más importante que aparece en Kronos es que Gombrowicz confiesa, por primera vez, haber llegado a la Argentina con la intención o por lo menos la idea de quedarse, resignificando así las interpretaciones acerca de su exilio, que en la Argentina duró desde 1939 hasta 1963.
Sin embargo, es probable que lo que más llame la atención de Kronos sea la cantidad de nombres que aparecen. Nombres que, casi con seguridad, hacen referencia a personas con las que Gombrowicz mantenía relaciones sexuales, generalmente esporádicas. Son realmente muchos, que cambian día a día, dando un panorama de la diversidad de su vida sexual que causó escándalo en Polonia. Hay algo curioso: muchas veces surgen, en el mismo orden y jerarquía, otras personas con las que pareciera simplemente encontrarse, por los motivos que sea, sin haber sexo de por medio.
Y es curioso porque en la forma de inscribir esos encuentros no se diferencia la escritura de unos y otros, como si tener sexo o una charla fuera parte de la misma actividad socio-cultural. O, más simbólico todavía, la enumeración consecutiva de prostitutas, chicos que encontró caminando por Retiro y acontecimientos históricos (como el estallido de la guerra o la caída de Perón), anotados como si tuvieran la misma importancia. Y es que tal vez la tuvieran.
En Polonia se corre hoy en día un rumor: en mayo aparecerá otro inédito, al que se conocerá con el nombre de Avarus . ¿Una novela desaparecida, cuentos nuevos , fragmentos nunca conocidos del diario? No: el libro contable de Gombrowicz, en el que se incluye cuánto facturaba por derechos de autor, cuánto pagaba sus hospedajes, cuánto costaban las prostitutas que contrataba, cuánto salían sus medicamentos. Escritores del mundo, recuerden siempre: tarde o temprano, los herederos siempre publican algo más.
En perspectiva

 Seguramente los aniversarios y las efemérides ayuden un poco a reimpulsar la obra de un autor, y estos años son muy propicios para hacerlo con Gombrowicz. Si en 2004 se cumplieron cien años de su nacimiento, en 2013 se recordaron los cincuenta de su partida de Buenos Aires y de su regreso a Europa. En este contexto aparecieron en Buenos Aires dos eventos culturales muy importantes que tuvieron a Gombrowicz como protagonista.
Durante septiembre y octubre se estuvo exponiendo, en la Biblioteca Nacional, una muestra llamada “Witold Gombrowicz. Momentos singulares”, curada por Miguel Grinberg, amigo del escritor polaco y uno de sus herederos, en sentido imaginario, pero también real.
Grinberg aportó y organizó para la muestra materiales que hasta el momento permanecían ignorados por el público: fotos de Gombrowicz, su máquina de escribir, una de sus pipas, y también las ediciones de sus libros (que Gombrowicz le dejó antes de partir), afiches de sus obras de teatro, infografías y dibujos de Mariano Betelú. Fetiches para los admiradores de Gombrowicz, pero también elementos que sirven para entender mejor su obra, para contextualizarla y mirarla desde otras perspectivas.
El otro evento, que tuvo una gran convocatoria y muy buena recepción de la crítica, es Historia , una obra teatral que Gombrowicz comenzó a escribir en Argentina, que dejó inconclusa y que luego sirvió de base para otra de sus piezas, Opereta .
Historia es una obra autorreferencial en la que Gombrowicz juega con la doble acepción de la historia, en tanto vida personal y situación universal. Esto aparece muy reflejado en esta versión teatral (fue la primera vez que se puso en escena en el país), que partió de sus tópicos clásicos (la forma, la inmadurez, la juventud) para narrar los conflictos de un Gombrowicz joven y otro viejo, y su relación con la familia, los amantes, la política internacional, la ideología, la filosofía, el amor.
La obra (montada en el teatro Hasta Trilce) fue dirigida por Adrián Blanco, que estuvo a cargo de la dramaturgia, junto a José Páez, y que fue interpretada por los actores Ramiro Agüero, Manuel Bello, Estefanía D´Anna, Hugo Dezillio, Diego Echegoyen, Luis Alejandro Escaño Manzano, Mario Frías, Yamila Gallione y Cecilia Tognola.
El Congreso Gombrowicz

Kronos nos muestra a un Gombrowicz diferente, Momentos singulares ofrece otra perspectiva-en-retrospectiva del escritor y el personaje, e Historia pone en escena las ambigüedades del sujeto frente a las contingencias del mundo. Esta instancia de redescubrimiento, de reinvención de Gombrowicz, va a tener un nuevo punto fuerte cuando este año, desde el 7 hasta el 9 de agosto, se realice el I Congreso Internacional Witold Gombrowicz, que va a tener sede en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires y que cuenta con el apoyo de la Embajada de Polonia, el Instituto Ravignani, el Instituto de Literatura Hispanoamericana, el Departamento de Letras de la Universidad de Buenos Aires y el Museo Witold Gombrowicz, que está ubicado en Wsola, en la casa donde se escribió Ferdydurke .
El congreso busca reunir a varios de los gombrowiczólogos de todo el mundo para poder discutir sobre la vida, obra e interpretaciones (las tradicionales y las más recientes), en un evento que fusionará charlas, debates, fotografías, cine y hasta recorridos por los lugares por los que pasó Gombrowicz.
Entre los autores que seguramente estén exponiendo hay escritores (Martín Kohan, Andrés Neuman, María Rosa Lojo, Guillermo Martínez, Fernanda García Lao, Gustavo Ferreyra), psicoanalistas (Germán García, Jean-Michel Vappereau), dramaturgos (Jorge Dubatti, Adrián Blanco), investigadores especializados (Alicia Borinsky, Silvia Dapia, Pablo Gasparini, Silvana Mandolessi, Ricardo Pasolini) y amigos del autor (Néstor Tirri, Jorge “Marlon” Vilela, Ana Betelú, hija de Mariano, alias “Flor de Quilombo”), entre muchos otros. Se prevé la asistencia de varios de los especialistas más importantes, provenientes de Polonia, Alemania, Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Brasil y Chile. La inscripción para participar en el congreso se encuentra abierta (se pueden encontrar todos los detalles en www.congresogombrowicz.com) y la entrada será libre y gratuita.
El evento se desarrollará el mes en el que se cumplen 75 años de la llegada de Gombrowicz a la Argentina y permitirá el encuentro entre lectores y críticos de Argentina y otras partes del mundo, algo que nunca se condensó de este modo en Buenos Aires ni otras ciudades. Entre las propuestas para debatir se encuentran el vínculo entre Gombrowicz y los intelectuales, su relación con el teatro, el exilio, la literatura comparada y las redes sociales, entendidas en su doble significado: en tanto vínculos sociales con otras personas, y en tanto relación entre Gombrowicz y la posteridad a través de Facebook, Twitter, blogs y demás, algo que el congreso enfatiza en su comunicación con la comunidad.
Gombrowicz odiaba los congresos, las aglomeraciones de intelectuales, a los críticos en general. Probablemente, si hubiera sabido que cuarenta y cinco años después de muerto se iba a organizar un encuentro que lo va a tener como único protagonista, hubiera escrito cosas horribles al respecto. Y se hubiera sentido enormemente halagado y feliz, claro.


(fuente: "revista ñ", Clarín, autor: Nicolás Hochman.)

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