martes, 31 de diciembre de 2013

RB sin anteojos

“¿Ya viste lo que más me impresionó?” La voz de Gustavo Nielsen surge desde atrás como suele irrumpir la voz del escritor Nielsen, con gestualidad exuberante, mientras uno intenta analizar los cambios que Roberto Bolaño hizo a las versiones de sus manuscritos en la muestra Archivo Bolaño que se inauguró en el C.C. Recoleta. Impresionan varias cosas de la exposición: la cantidad de obras que todavía quedan inéditas según la cronología creativa de 1979 a 2003; la letra aniñada, prolija, imperturbable, en los cuadernos donde escribió sus obras; las fotografías de diferentes épocas donde se lo puede ver –siempre– con el perfil salvaje de poeta infrarrealista. Pero el tema aquí no es lo que impresiona al visitante, sino lo que le impresiona a él. A Nielsen. Y entonces me conduce hasta el final de la última sala, donde ubicaron, a lo lejos, su máquina de escribir. “Eso es lo que me impresiona, ¿ves? Eso es lo que está mal, eso es lo que me dejó temblando”, dice Nielsen, y no señala la máquina sino lo que está junto a ella: los tres anteojos que usaba Bolaño. Nielsen no lo dice porque no hace falta explicar, pero toda la exposición trata sobre la absoluta presencia de Bolaño: está su imagen, están sus textos, está su voz. Y esos tres pares de anteojos, plegados, dispuestos uno detrás del otro, son los que exhiben con brutalidad la inefable ausencia.


(nota de Diego Erlan en "revista ñ", Clarín.)

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