domingo, 27 de octubre de 2013

LA LIBRETA

Salí a la calle con mi libreta
bajo el brazo, la roja,
una de renglones como carreteras.
Ahí, antes de oscurecer, metí
las primeras gotas de lluvia.
Ahí cupieron también parejas
con paraguas, impermeables, diarios
e individuos sin sombrero.
Cuando ya casi no cabía nadie
se abrieron campo los últimos:
una pareja que pedía monedas con acordeón,
acomodados bajo un alero.
Cuando hube de cerrarla entré
al local de mesas y luces mercuriales
con una hamburguesa caliente. Compré
agua de manzana.
Al lado del asiento puse el cuaderno,
los lápices y la gorra de lona
hecha en Taiwán.

Frente a mí desfilaban aspirantes
que llegaron tarde a los apuntes,
deletreaban el sabor de mi merienda
y la botella de gaseosa.
Me veían y no lo creían:
de un momento a otro me regresaría
al hotel sin llevarlos en el cuaderno.

Afuera, el tumulto del agua era
una llovizna pertinaz.

1 comentario:

Simitrio Quezada dijo...

Me encanta el penúltimo párrafo. Los versos y personajes que aspiraron y no cupieron.

Bien, maestro.