jueves, 24 de octubre de 2013

José Hierro (1922/2002 )



 Es cosa de libélulas...

Es cosa de libélulas,
de caballitos del diablo; aletean eléctricos,
vibran como cuerdas de una guitarra
que alguien acaba de pulsar;
zigzaguean como relámpagos,
rubrican la mañana azul.

  Cosa también de cazadores de libélulas:
nos dejan en los dedos un grumillo de muerte,
un residuo viscoso, una turbiedad amarilla.

A veces se realiza el milagro:
el cazador cobra su pieza intacta y viva.
Comienza entonces la tarea primorosa del entomólogo:
le clava un alfiler para que muera poco a poco
a fin de que conserve intacta su belleza,
su perfección, su apariencia de vida
(porque de eso se trata).
Es cosa de entomólogos, es cosa de poetas,
maquilladores y embalsamadores de cadáveres.

Es cosa de gusanos de seda:
segrega tenues hilos de oro
con los que van edificando
su alcázar, cárcel, túmulo,
su oscuridad definitiva;
se desangran en oro, resignados
a no ver desde fuera nunca jamás su obra concluida.

(texto tomado del blog "el azul de los lápices")

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