lunes, 25 de febrero de 2013

Todas las calles llevan tu nombre, Mario Santiago


Venía de México. Era 1977 y Roberto Bolaño aterrizaba en Barcelona. Tenía 24 años y se instalaba en una pieza de un viejo edificio en la calle Tallers. "El piso era tan precario que no tenía ni ducha", recordaría su amigo Antoni García Porta.
En Barcelona, Bolaño hizo sus primeras amistades literarias tras dejar en el DF al grupo de poetas "infrarrealistas". Sin embargo, pronto escapó otra vez. "Necesitaba irme a algún sitio donde no conociera a nadie", diría el escritor nacido en Santiago en 1953. Así llegó a Gerona, donde arrendó una pieza en el barrio Las Pedreras. Con el permiso de residencia vencido, vendía por las tardes artesanía en la calle. En las mañanas escribía. Con los años, otro escritor desconocido por entonces, Javier Cercas, diría: "Tenía un aire de hippie, de esos que andan vendiendo baratijas". Era un futuro incierto, pero Bolaño vivía con una certeza: sería escritor. El autor de Los detectives salvajes se convertiría no sólo en un narrador reconocido, sino en una leyenda.
Su vida en España, que terminó con su muerte el 15 de julio de 2003, a los 50 años, será repasada a una década de su partida en la exposición "Archivo Bolaño 1977-2003”, que abrirá el 5 de marzo en el Centro Cultural Contemporáneo de Barcelona. La muestra contará con materiales inéditos gracias a la venia de los herederos de Bolaño. Abarca fotografías, cuadernos, manuscritos, entrevistas, cartas, fanzines, su biblioteca personal y juegos de estrategia, uno de los pasatiempos preferidos del autor de Nocturno de Chile. “Archivo Bolaño 1977-2003” coincidirá con la sexta edición de Kosmopolis, un festival literario que justamente Bolaño inauguró en su primera versión en 2002, con la lectura del texto “Derivas de la pesada”. En la conferencia de este año hablará el crítico Ignacio Echevarría, amigo y editor de su obra póstuma.
La exposición se dividirá en tres etapas. La primera, llamada “La universidad desconocida”, retoma sus años en Barcelona. Luego, vendrá su vida en Gerona, de 1981 a 1985, con el nombre “Dentro del caleidoscopio”. Y cierra con “El visitante del futuro”, su llegada a Blanes hasta su muerte en 2003. El verano de 1985 Bolaño llegó al balneario de Blanes con su mujer, Carolina López, con quien tendría dos hijos. Fue donde publicó la mayoría de su obra: desde La pista de hielo hasta El gaucho insufrible.
El homenaje, que se extenderá hasta el 30 de junio en el Centro Cultural de Barcelona, tendrá un catálogo a cargo de Valérie Miles (codirectora de revista Granta), con textos de García Porta, Javier Cercas y Enrique Vila-Matas, además de la crítica chilena Patricia Espinosa y Bárbara Epler, editora de New Directions, sello que publicó por primera vez a Bolaño en EE.UU.
Hoy, el panorama en España para Bolaño es otro. En Gerona, una calle lleva su nombre, y en la biblioteca de Blanes tiene una sala, donde hay una placa que dice: "Yo sólo espero ser considerado un escritor sudamericano más o menos decente, que vivió en Blanes".
El escritor en el cine
La película “El futuro”, de Alicia Scherson, basada en el libro Una novelita lumpen (2002), tendrá su estreno oficial en Chile en abril, tras su presentación en el pasado Festival de Sundance (EE.UU.). Mientras, en la Cineteca Nacional se exhibe hasta el 24 de febrero el documental “La batalla futura”, de Ricardo House, dividida en tres partes. Los años mexicanos, donde habla el padre del escritor, León Bolaño; Juan Pacoe, su primer editor, y el narrador Jorge Volpi, entre otros. Luego, el documental muestra su vida en España con entrevistas a Carmen Pérez de Vega, quien fue su última pareja; Jorge Herralde, editor de Anagrama, y su amigo Rodrigo Fresán. House se encuentra en Chile filmando la “Parte chilena”. Ya grabó en las ciudades donde Bolaño pasó su infancia: Valparaíso, Quilpué, Viña del Mar, Los Ángeles y Mulchén. La trilogía se estrenará el 14 de julio en Ciudad de México y Barcelona.
 
 
(Habrá reproches que se te quedaron en la punta de la lengua, recuerdos que nunca llevarás al papel, poemas que en su momento fueron confetti, ventanas abiertas por las que corrieron sangre, recuerdos, falsos souvenirs y tardes de lluvia transcurridas en un cuarto de azotea. La colonia Roma, la Juárez, la Hipódromo Condesa -particularmente Ámsterdam- vieron ir y venir a Mario Santiago con lágrimas revueltas con mocos. Bolaño ya no estaba en México, ni Alcira ni Bruno. Nota sustraida del sitio "archivo bolaño".)

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