viernes, 1 de febrero de 2013

Rubén Bonifaz Nuño (1923/2013 )

¿Quién me está llamando...?


¿Quién me está llamando, quién renueva,
callados, los frutos de aquel día
que ya no era, que no estaba
ya en ninguna parte? ¿Quién por dentro
me abrevó los ojos de otros ojos?

Un impulso de anudadas lágrimas
hace temblar en la garganta
alas de ceniza; de prestigio
a una vieja brasa adolescente,
a una lumbre atónita, lustrada
por el futuro que hace mucho
dolor pasó, pero que existe.

Gozo de la memoria, ardiendo
sin arrepentimiento; gozo
de haber vivido y estar vivo.

Y es la primavera de los trenes
que se alejaban para siempre,
y es la estación maravillada
de las despedidas, y el amante
agitaba el corazón sangriento,
y partió la amante, y se quedaba.

El espejo interior, la hoja
de envés azogado por marchitas
horas, copia el rostro descuajado
de una amargura que no duele.

Son dulces las enfermedades
cuando van pasando, cuando nadie
piensa en que va a morir mañana,
y los años que secretamente
nos abren sus minas, y los años
que secretamente nos minaron.

Y a mitad de un sol convaleciente
un viento de navíos cruje,
y baja el vuelo imaginado
de las velas y las golondrinas.

Alguien que fui me está mirando,
y mirándolo estoy, y miro
en el que fui que soy. Y claro,
multiplicado por espejos
de siglos, me alcanzo y me enriquezco.


(texto tomado de As de oros, UNAM, México, MCMLXXXI.)

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