martes, 26 de febrero de 2013

Juan Gelman, obra reunida

Asusta un poco físicamente este volumen, de considerable peso con poemas impresos uno tras otro sin respetar la página. Tal vez, los editores hubieran debido pensar en la incomodidad de la lectura y distribuir el conjunto en dos volúmenes más manejables. Pero esto nada tiene que ver con la excelencia de la poesía de Juan Gelman, nacido en Buenos Aires en 1930, bien conocido por los lectores españoles interesados por la poesía y ganador del Premio Cervantes 2007. El conjunto llega acompañado por dos breves prólogos, uno de Julio Cortázar, que escribiera en 1981 para uno de sus libros, y otro de Pere Gimferrer, de 2012, para la presente edición. Pese a su brevedad, ambos constituyen dos piedras de toque insalvables.

El apellido Gelman procede de una familia de judíos ucranianos que se establecieron en Buenos Aires. En 1955, Juan formó parte de un grupo de poetas que se denominaron “El pan duro” y en 1956 publicó ya su primer libro de poemas Violín y otras cuestiones. Ejerció el periodismo que practica todavía hoy en “Página 12” y que reunió en dos volúmenes. En 1967 entró en las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) que, en 1974, se fundirían con Montoneros. Abandonó su país en 1976 y pasó un largo exilio en Italia, Francia y hoy en México D.F. En 1989, fue indultado por Carlos Menem junto a otros 64 ex-guerrilleros, aunque con anterioridad había viajado, clandestino, a Buenos Aires. Escribió Cortázar en el mencionado prólogo: “Hombre al que le han segado la familia, que ha visto morir o desaparecer a los amigos más queridos, nadie ha podido matar en él la voluntad de subtender esa suma de horror como un contragolpe afirmativo, creador de nueva vida. Acaso lo más admirable en su poesía es su casi impensable ternura allí donde más se justificaría el paroxismo del rechazo y la denuncia, su invocación de tantas sombras desde una voz que sosiega y arrulla, una permanente caricia de palabras sobre tumbas ignotas”. Nadie sabría, como se supone, decirlo con mayor propiedad.

Conviene admitirlo desde un principio: Juan Gelman es uno de los grandes referentes de la lengua del pasado y presente siglo. Es un renovador del lenguaje, un mago que recrea y construye neologismos de toda suerte, un amante de la palabra como instrumento no sólo comunicativo, sino objeto de belleza en sí misma. Activo desde la década de los sesenta, su producción se acelera en los veinte últimos años. Sin embargo, ya en Gotán advertimos esa conciencia crítica que ha de justificar la producción poética no exenta de humor: “Los poetas se mueren de vergüenza/.../ Muchos de ellos se encuentran sin cojones/ en el momento culminante del cariño;/ no es problema, se escriben un versito/ pa´la posteridá”. Ironiza sobre sí mismo y hasta sobre la revolución, un tema que se reitera.

El presente volumen incluye todos sus libros poéticos, incluido el último: El emperrado corazón amora, de 2010. Gelman es heredero de la estética de Huidobro y de Vallejo, de Alejandra Pizarnik, de Nicanor Parra y José Ángel Valente, renovadores todos de la palabra poética, más atentos a la materialidad fónica, en ocasiones, que a nuevas musicalidades. En el prólogo a Com/posiciones escribe un “exergo” donde puntualiza que “puse cosas de mí en los textos que los grandes poetas escribieron hace siglos”, pero descubriremos aquí una mística de la palabra que el poeta enciende con su voz: “tal es el misterio de la palabra humana. Procede, cualquiera sea la lengua, del mismo vuelo entre la oscuridad y la luz”. En ocasiones deshace la estructura sintáctica y, a menudo, desmantela las formas de puntuación ortodoxas, rompe los versos con el signo / que ha de permitirle acelerar los ritmos. Puede adquirir, incluso la forma de prosa, de calidades autobiográficas, como en “Bajo la lluvia ajena” (Notas al pie de una derrota, Roma, 1980), aunque los textos cobran un aliento nostálgico. Penetran en la tragedia íntima en el dedicado a su hijo y a su madre, fallecida durante su largo exilio. Su atracción por la lengua de los poetas del Siglo de Oro españoles le llevaría a una experiencia extraordinaria, la confección, entre 1983 y 1985 de un libro escrito en sefardí.

Los textos vienen acompañados por una versión al castellano moderno: “tu silenziu/ disparta/ lus gritus/ del mundu”, escribe en el poema X de la serie. Gelman intenta, en efecto, captar no sólo el drama argentino, sino el destino de la condición humana. No importa que alguno de sus libros esté dedicado expresamente a su país. El lector destinatario es el amante de la poesía que ha de descubrir en estas páginas muchos y diversos alicientes, la complicidad buscada.



(nota de Joaquín Marco tomada del sitio "el cultural", en El Mundo, español.) 



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