lunes, 7 de enero de 2013

EPN y el Estado policial


Obispo en resistencia, obispo de los paganos... Son muchos los calificativos que se le han puesto al fraile dominico mexicano de 67 añosRaúl Vera, una de las voces más incendiarias de América Latina, un católico hasta la médula que lo mismo canta mambos que celebra misas para prostitutas u homosexuales, protege a inmigrantes, defiende a mineros, arremete contra las multinacionales que privatizan la naturaleza y no duda en denunciar toda injusticia, llegue de la Iglesia, del gobierno o de cualquier otro poder fáctico.
Desde su diócesis de Saltillo (estado de Coahuila, en el norte de México) Vera levanta pasiones. Llena los ojos de lágrimas a las madres de desaparecidos a los que acompaña en sed de justicia y consuelo mientras desata en otros el deseo de eliminarlo para que no moleste más, como ya han intentado en varias ocasiones.
Galardonado con el premio noruego Rafto de derechos humanos en 2011 y candidato al Nobel de la Paz en 2012, celebra este fin de semana sus 25 años como obispo, un jubileo que fue un alegato a favor de la teología de la liberación en pleno siglo XXI, una opción de riesgo ayer, hoy y siempre.
"Seamos claros, alguien que sale en defensa del pobre es perseguido", afirmó en uno de los actos conmemorativos el jesuita Jon Sobrino, destacado ideólogo de esta iglesia social y compañero de los seis religiosos asesinados en la salvadoreña Universidad Centroamericana en 1989.
Pero el peligro no detiene al obispo Vera. "Moriré cuando Dios quiera", ha repetido en varias ocasiones. Por si llega el momento, en su muñecalleva una pulsera con sus datos personales "para el día en que me disparen sepan quién soy", confiesa a Emiliano Luis Parra, autor del libro 'Ovejas negras: rebeldes de la iglesia mexicana en el siglo XXI'.
Las balas ya le han pasado cerca. Una de las primeras veces en el Chiapas paramilitarizado que siguió al alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, cuando dispararon a la furgoneta de transporte de ganado en la que viajaba él con catequistas y el obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz. Vera había llegado a Chiapas como 'inquisidor' del 'tatik' (padre, en tzeltal) Samuel , con el claro mandato del Vaticano de neutralizar su labor en favor de los indígenas y los zapatistas. "Pero algo salió mal - escribe la revista Observatorio Eclesial-. Por un grave error de cálculo eclesiástico, o una certera acción divina, según se prefiera, este elocuente religioso decidió seguir otras órdenes que las del obispo de Roma, a quien juró plena obediencia, y obedeció a los indígenas".
En 1999 la Santa Sede lo destierra a Saltillo y allí volvió a escandalizar a las elites conservadoras de México y el Vaticano. Primero se puso de parte de las familias de los 65 mineros muertos en 2006 en la mina de Pasta de Conchos (Coahuila) que exigían responsabilidades por el accidente y la devolución de los cadáveres (a día de hoy los cuerpos siguen sin ser recuperados). Luego tomo partido por unas prostitutas que habían sido violadas por miembros del ejército y garantizó que cualquier denuncia de pederastia en el seno de la Iglesia de la que tuviera constancia iría directamente a los juzgados.
"Desde que estuve en Chiapas tuve que acostumbrarme a las amenazas", comenta en conversación telefónica. Pero asegura que cuando sintió "el terror de la muerte" fue en 2006, después de lo de Pasta de Conchos y las prostitutas. "Vi un reflector de luz alumbrar la pared junto a mi cama, pero mi recámara no daba a la calle, así que era una muestra de estaban dentro de mi casa".
Sus declaraciones incendiarias no hay dejado títere con cabeza. "La guerra de Felipe Calderón fue sesgada, falsa y estaba totalmente amañada". "La Iglesia no puede aceptar el dinero del narco, ni por temor ni por flaqueza". "Los grupos del crimen organizado tienen dos chambas [trabajos], sus negocios y las actividades paramilitares". "El día de mañana se descubrirán los genocidios que se están viviendo hoy en México". "Con la excusa de la guerra contra el narco se están escondiendo verdaderos acosos, ataques y hasta asesinatos de luchadores sociales y que estorban al sistema". "El PRI de hoy es el mismo que estuvo 70 años en el poder y el proyecto de Gendarmería del presidente Enrique Peña Nieto tiene como objetivo crear un estado policial, con un control como el que hubo durante décadas para reprimir todo movimiento social".
Sus acciones queman igual que sus palabras. En Saltillo, por ejemplo, creó una pastoral para homosexuales que fue cerrada por presiones de la derecha e hizo que la Santa Sede le llamara a consultas. Ahora dice que está en negociaciones con el Vaticano pero asegura que su atención a toda esa comunidad seguirá.
Vera dice sentirse apoyado pero cuando intentó reunir a varios obispos para oficiar una misa en memoria de los 72 inmigrantes asesinados en el estado de Tamaulipas (frontera noroeste) en agosto de 2010, la cúpula de la Iglesia le dejó solo. Sin embargo, no le falta el apoyo de las basesque, a su juicio, son la clave para conquistar la justicia social. "La sociedad civil unida tiene tal fuerza que incluso podría doblegar al crimen organizado", asegura.
Por eso ahora, como sucesor del obispo Samuel Ruiz en la presidencia del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, admira la reaparición de los zapatistas estas navidades, ejemplo de "dignidad, lucha y organización", así como su llamamiento a unirse con otros movimientos sociales. También recuerda que la Iglesia debería tener un papel importante para reactivar a la sociedad en pro de la justicia, "pero tenemos que quitarnos el miedo, somos otros cobardes".
Días antes de la reunión por su jubileo, se sentía tan feliz como un niño la noche de Reyes. Religiosos y laicos que luchan por otro mundo posible le acompañaron con reflexiones teológicas y sociales mientras entre conferencia y misa reían con sus chistes de curas, su especialidad.


(entrevista de María Verza, duplicada del sitio El Mundo.)

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