sábado, 1 de diciembre de 2012

Sida para los amigos

Anoche dormí mal, me desperté cansado y sin ganas de escribir, pero al entrar en Facebook vi la convocatoria de Waska para repartir mates, besos y abrazos el próximo 1º de diciembre. A pesar de que soy seropositivo diagnosticado en 1990, nunca se me ocurrió averiguar por qué el Día Mundial de la Lucha Contra el Sida se conmemora el 1º de diciembre y encuentro la respuesta en Wikipedia. “Se conmemoró por primera vez el 1º de diciembre de 1988. Se eligió la fecha del 1º de diciembre por cuestiones de impacto mediático (1988 era un año electoral en EE.UU. y la fecha quedaba suficientemente alejada de las elecciones como para atraer la atención de los medios de comunicación).” Pero lo que más me llamó la atención fue que, para evitar la terminología bélica, dejó de usarse la palabra “lucha”, que se cambió por “respuesta”, de manera que ahora, lo que conmemoramos es el Día Mundial de la Respuesta contra el Sida.
Me considero pacifista y, desde hace muchos años, intento borrar de mi vocabulario muchas palabras de origen bélico. Llego al extremo de intentar evitar el “ok”, que proviene de una terminología yanqui que quiere decir que no hay muertos (zero killed) y cuyo uso se remonta a la Guerra de Secesión en Estados Unidos, entre 1861 y 1865. En su lugar prefiero decir “de acuerdo” o “bueno” o “está todo bien”, aunque no siempre lo puedo evitar: el “ok” se impone a veces por una cuestión práctica, sobre todo en los mensajes de texto. En cualquier caso, es imposible hablar de “ok” en referencia al sida, que ya se cobró la vida de unos 30 millones de personas, y se calcula que cada año mueren por esta causa casi 2 millones.
La palabra que sí consigo evitar como metáfora es “armas”. Cuando doy clases, por ejemplo, a los alumnos que, en la conversación inicial que tenemos, dicen que necesitan “armas” para redactar mejor, les recuerdo que también existe la palabra “herramientas”.
Un amigo solía decir que si tenía que convivir con el virus toda la vida, prefería hacerse amigo y aceptarlo. Son palabras que me quedaron grabadas para siempre: aunque dudo de que pueda hacerme amigo de un virus que me obliga a tomar medicamentos de por vida, no me queda otra que aceptar la realidad con la que convivo desde hace ya veintidós años y quién sabe por cuántos años más. Algunas de mis “estrategias” (término que no puedo evitar aunque también sea de origen bélico) son tomar los medicamentos, aceptar la ayuda de mis amigos cuando me la ofrecen, escaparme cada vez que puedo a algún lugar donde respirar aire puro y estar en contacto con la naturaleza y seguir disfrutando del sexo. Hay muchas más.
Y ya que estamos, poniéndome más obsesivo que los obsesivos, para terminar de desterrar la terminología bélica en cuanto al día que conmemoramos cada 1º de diciembre, propongo, además, cambiar “contra” por “al” para que quede “Día Mundial de la Respuesta al Sida”.


(Hace quince años murió un amigo tuyo poeta de oficio y de quien el fin de semana pasado encontraste un poemario entre los cientos de libros ofertados en la feria de Guadalajara (FIL), luego que te cansaste de buscar "La vida exagerada de Martín Romaña" para llevarlo a un amigo que esperaba tenerlo. Pero no sólo los sidosos fueron, o son, apestados sociales. Por eso de una manera instintiva te solidarizaste con el escritor peruano. Se diría que los hados estuvieron de parte tuya y de tu amigo muerto en 1997 pues en vísperas del uno de diciembre subiste un post con un poema suyo al blog "Los lavaderos". Y eso te revitaliza. Nota de Pablo Pérez tomada del sitio "soy", Clarín, Buenos Aires.)

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