martes, 4 de diciembre de 2012

Los muppets de EPN

Cuando al mediodía del sábado escuché la ruptura de cristales en la entrada del edificio en que están las oficinas de Efekto Noticias, me di cuenta de que las decenas de encapuchados que asaltaban comercios y dañaban monumentos históricos, podrían irrumpir en las instalaciones y que no habría forma alguna de dialogar con ellos.
Estaba participando, con otros colegas, en una mesa de análisis sobre el cambio en el poder presidencial y la toma de protesta de Enrique Peña Nieto.
Contrastaba la voluntad republicana, inclusive de los partidos opositores al PRI, con lo que estaba ocurriendo en las calles y en particular en los alrededores de San Lázaro y la Alameda.
Hoy sabemos que los protagonistas de los desmanes no lo hicieron de modo espontáneo y que tenían el propósito de causar zozobra y desaliento en la ciudadanía.
Desde semanas antes de la toma de posesión del presidente Peña Nieto, diversos grupos estuvieron llamando a “ir preparados” al cerco humano a San Lázaro. No querían expresar su descontento, sino manifestar su fuerza.
Muchos de éstos pertenecen a un anarquismo tardío, que nada tiene que ver con el histórico y mucho menos con el de los hermanos Flores Magón, en primer lugar porque no encarnan proyecto alguno y porque carecen de la formación política más elemental. Son lo que Marx definió como lumpen.
Lo que sí saben, incluyendo a los Atencos y las expresiones más radicales de #YoSoy132, es que la violencia tiene la posibilidad de colarse en los medios de comunicación y es justo lo que hicieron. Por eso prendieron fuego a un camión, lanzaron bombas molotov y destruyeron ventanales de comercios y de bancos.
Su propósito es imprimir una imagen de caos que distorsione lo que en realidad ocurrió el sábado y que fue la transmisión del poder de modo institucional y pacífico.
Las trifulcas del 1 de diciembre y los enfrentamientos con la Policía Federal y con los granaderos de la capital terminaron con una centena de detenidos y con decenas de heridos, uno de ellos de suma gravedad, por desgracia.
Sin duda se tendrá que revisar la actuación de la policía, pero hay que advertir que se enfrentaron a una situación inédita, que duró varias horas y que en algunos de sus tramos estaba planeada.
Estaban haciendo su trabajo y ante una situación que pudo ser todavía más dramática.
Ya el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, hizo una condena puntual de lo que definió como: “un ataque a la ciudad”.
Las responsabilidades, por su puesto son múltiples, y entre ellas está la del discurso que promueve el odio, que insiste en la división.
Para Ebrard es importante sacudirse un asunto por demás espinoso a unos días de dejar el poder.
Es momento de deslindes y definiciones claras, para atajar a quienes promueven una violencia que puede escalar en cualquier momento, y que tiene la particularidad de estar alimentada por la frustración y la falta de alternativas para miles y miles de jóvenes.


(Es singular este tipo de análisis: el autor -Julián Andrade- da por sentado que EPN es el Presidente de la República, de acuerdo, pero en qué condiciones ventajosas le dieron el triunfo las televisoras, las casas encuestadoras, el propio IFE, los analistas políticos del corte de los aguilares-camines, carlos marines, lópez-dórigas y una cauda de directores de medios como el propio chileno Pablo Hiriart Lebert. No se justifica el desempeño de los participantes en la protesta, ni mucho menos los cientos de policías golpeadores que amedrentaron a simples ciudadanos testigos de su tiempo y con celular que filmaban o fotografiaban lo que veían. Nota tomada del sitio "larazón".)

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