lunes, 12 de noviembre de 2012

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

La habitación del suicida


Seguramente creerán que el cuarto estaba vacío,
Pues no. Había tres sillas bien firmes,
Una lámpara buena contra la oscuridad,
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos,
Un buda despreocupado, un cristo pensativo,
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Creerán que no estaban ahí nuestras direcciones?

Seguramente creerán que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una alegre trompeta en unas manos negras,
Saskia con una flor cordial,
Alegría, divina chispa,
Odiseo sobre el estante durmiendo un vivificante sueño
tras las fatigas del canto quinto,
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.
No parecía que de este cuarto no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la
     ventana.

Los lentes para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.
Seguramente crerán que cuando menos la carta algo
     aclaraba.
Y si les dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.


(texto tomado de Poesía no completa, ed. FCE, México, 2a. edición col. Tezontle, 2008. Traducción de Gerardo Beltrán.)

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