miércoles, 14 de noviembre de 2012

Márai y Mariana de Alcoforado

El tartamudo y el sabio


uno.

Las sospechas de que las cartas de Mariana Alcoforado, la monja portuguesa, son un artificio ha seducido a muchos: en las memorias de alguien leo la teoría de que las famosas cartas no fueron escritas por una monja veinteañera e inculta, sino por un escritor que había conseguido unas misivas de estas características y las fue puliendo hasta la perfección. Porque un hombre no sabría transmitir la pasión enloquecida y flamígera que se aprecia en esas cartas, y una monja joven no domina el arte de la escritura con la perfección que se aprecia en la obra. Todo gran escrito necesita un ser tartamudo y un maestro sabio. Raras veces coinciden los dos. (*)


El tedio me rodea


dos.

Me acostumbré a las tribulaciones y no podría vivir sin este placer a que me adhiero, de amarte en medio de mil tormentos.
    Mas me aflige el tedio y el desabor por cuanto me rodea. Todo se me hace insoportable: el convento, la familia, las amistades. Odio todo lo que estoy obligada a ver y hacer. Tan celosa me siento de mi pasión, que me parece que todos mis actos, todas mis obligaciones, te pertenecen. Sí, tengo escrúpulos de no emplear en ti todos los momentos de mi vida.
     ¿Qué haría, infeliz de mí, sin tanto odio y sin tanto amor como llenan mi corazón? ¿Podría sobrevivir acaso a lo que incesantemente me absorbe para llevar una existencia tranquila y sin cuidados? ¡Ay! No podría, no podría acomodarme a ese vacío, a esa indiferencia. (**)


(*) texto tomado de Diarios 1984-1989, Salamandra, Barcelona, 2008.

(**) texto tomado de Cartas de amor de la monja portuguesa, Mariana de Alcoforado, Grijalbo, Barcelona, 1975.

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