domingo, 11 de noviembre de 2012

EL CROQUIS

Bajo el imán de un conjuro
no advertido fuí al panteón temprano.

Cuando aún se desentumían
el cempoal, el diente de león y otras
cosechas de temporada.

Al adelantar la suela a los umbrales
del lugar de todos, advertí que desconozco tu dirección.

¿En dónde o cómo encontrar tus dominios
si los habitantes no reposan en orden alfabético?

¿Cómo llegaría a ti si nadie
hubo de darme el santo y seña,
el croquis de tu hígado destrozado?

Esa mañana al garete caminé por la vereda
de los muertos tiernos, las tumbas breves,
las sonajas, los dientes de leche prometidos.

Pero sólo las moscas posaron en mí
sus anteojos de playa mientras yo
pronunciaba mi nombre en balde.

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