lunes, 29 de octubre de 2012

Mallo: La violencia en casa

Militante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias durante la dictadura argentina, el dramaturgo, periodista y novelista Ernesto Mallo vivió durante muchos años con el miedo en el cuerpo, después de salvar la vida de milagro. A pesar de ello, en la clandestinidad siguió ayudando a los perseguidos por los militares y hoy mantiene la lucha desde sus libros.
En 2007, ganó el Premio Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón con Crimen en el Barrio del Once, donde apareció por primera vez su personaje estrella, el comisario Lascano, el Perro, con el que ha seguido una saga policiaca desde la que contar "lo que no podría decir de otra manera". Aquella primera novela estaba ambientada en la dictadura. La siguiente, El policía descalzo de la Plaza de San Martín, se desarrollaba durante la temprana legislatura de Alfonsín y en ella denunciaba la corrupción policial, el desempleo... Asuntos que vuelven a aparecer en la tercera entrega, que se publica ahora, Los hombres te han hecho mal (Siruela), donde el tema central es, sin embargo, la trata de mujeres con fines de prostitución, un delito que mueve "más de 400.000 millones de dólares al año". La próxima perseguirá la relación del narcotráfico con otras formas delictivas, "será sobre cómo el poder negocia con el poder".

Aquí Lascano acepta el encargo de una abuela de buscar a su nieta. Aunque no está relacionado directamente, es inevitable pensar en los desaparecidos de Argentina y en las Abuelas de la Plaza de Mayo, ¿hay intención en ello?
En Argentina, esos militares se fueron al paro y empezaron a trabajar por su cuenta y están involucrados en la trata de personas. Y la metodología es parecida. Es algo que está en la sociedad, la violencia solo va cambiando de forma. La secuencia ‘secuestro, tortura, desaparición' sigue produciéndose. Se ha privatizado la violencia, pero los funcionarios del Estado son cómplices de esta situación.

¿Quiere decir que la sociedad tiene la violencia que genera?
Sí, la sociedad tiene la violencia que genera, la violencia que producimos, y eso es lo que subyace en esta tercera novela. Tenemos la violencia que supimos conseguir.

Pero eso es cargar con una responsabilidad a la sociedad...
La sociedad cada vez está más criminalizada. Juan Bautista Alberdi dijo que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Malraux fue más allá y dijo que los pueblos tienen los gobiernos que se les parecen. Es un espejo muy difícil en el que mirarse. Los pueblos tienen también los policías y los criminales que se les parecen. Determinadas sociedades producen determinados tipos criminales. Los asesinos en serie se dan más en sociedades industrializadas, con teléfonos en serie, coches en serie y asesinos en serie.
"Tenemos la violencia que supimos conseguir"
 
En su opinión, ¿qué tipo criminal produce la sociedad española?
La violencia doméstica es un problema gravísimo y endémico en España, también en Argentina. Hay una fuerte raigambre machista y el pasado rural influye decisivamente. Aquí, la mujer es como un animal doméstico, si se puede matar una vaca, una mujer...

Antes de escribir el libro investigó la trata de mujeres...
Lo investigué con ONG's que rescatan a chicas secuestradas y engañadas. El campo para los depredadores de la trata de mujeres son las personas más desprotegidas, las más pobres, que son las que no denuncian porque saben que la propia policía está involucrada. Sin esas complicidades políticas y policiales, la trata no podría existir. También secuestran a menores para trabajo como esclavos y para tráfico de órganos. Es algo que pasa igual en todos lados, los sistemas son similares en todas partes. La trata de personas mueve mundialmente más de 400.000 millones de dólares al año. Con ese dinero se compran voluntades, complicidades, silencios...

Pues usted no se calla, ¿el género policiaco le permite decir cosas que no dicen otros?
Ser escritor es el mejor trabajo del mundo. Y, sí, es lo que me permite hablar de cosas de las que si no, no podría hablar.

¿Ni en los periódicos?
Si lo hubiera escrito en un periódico, estaría muerto seguramente.

Usted ha vivido perseguido por militares y policía, sin embargo, su personaje, Lascano, es un policía y un hombre bueno, ¿quiere decir que tiene usted esperanza?
Es un policía federal. En Argentina hay 100.000 y yo me niego a creer que entre ellos no hay uno bueno. Con la primera novela muchos decían que no había un solo policía bueno en la dictadura, sin embargo, en Córdoba conocí a una mujer que denunció que a su padre, un comisario de policía, le torturaron y asesinaron sus colegas por no querer seguir sus métodos. Lascano está en la zona gris, hace lo que puede en un mundo corrupto, que es lo que nos pasa a casi todas las personas honradas, que hacemos lo que podemos.

En esta tercera entrega, le jubilan y él se queda atónito, con una vida sin sentido... Ahora que hay tantos prejubilados con la crisis...
Le sacan a uno todo el juego, le dejan como una cáscara vacía que no vale ya para nada. Las personas hoy somos descartables, se nos trata como a objetos.

En sus novelas escribe unos diálogos más para ser oídos que para ser leídos, ¿por qué?
Por casualidad. La primera novela de Lascano la escribí como un guion de cine, pero me atrapó el corralito, que fue el ensayo general de esta crisis de ahora. Igual que en África prueban los medicamentos que luego utilizan en el primer mundo, las teorías económicas las prueban antes en Latinoamérica. Nadie daba un centavo para una película, así que lo convertí en novela y al quitar los nombres de los personajes, los textos se iban poniendo en un solo bloque. Además, siempre detesté las acotaciones de diálogos, me parece una falta de confianza del autor. Creo que no hay que subestimar al lector.

Después del ‘corralito' aumentó el problema de la trata de mujeres en Argentina, ¿las crisis provocan ese crecimiento criminal? ¿en España, cree que ha ocurrido?
Sí. En España ya ha aumentado la delincuencia. La propia crisis financiera es criminal, por ahí ya ha aumentado. Ello produce más criminalidad, es su lógica. La verdad es que no creo mucho en el ser humano. El ser humano está destruyendo el planeta en que vivimos, es la especie dominante, pero como sucede con todos los imperios va a caer por sus propios vicios.


(entrevista de Begoña Piña calcada del sitio Público.)

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