domingo, 9 de septiembre de 2012

Ledo Ivo (1924 )

El muro


Para que yo tenga derecho a morir
hubo que perseguir al caracol
que avanzaba por el horizonte como un sol sonámbulo.
El grito de un hombre atravesó los aires
como si fuera el vuelo de un pájaro.
La espesura guardó el frescor de la tormenta.
Y yo fui la sombra que se alza
del cráter del día. Y me estremecí al oír
al caballo blanco en la colina.

El nacimiento y la muerte están unidos
como dos manos entrelazadas en la noche que se abre
entre el cielo virginal y las montañas.
Y sigo naciendo de mí mismo como de una fuente
y comienzo a morir en el día puro,
en el muro de cal.


(texto tomado de Rumor nocturno, editorial Vaso roto, Barcelona-México, 2009, colección Poesía no.6. Traducción de Martín López-Vega.)

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