viernes, 21 de septiembre de 2012

Inéditos de Daniel Sada

México, D.F. Hace una década, al imaginario de Daniel Sada llegó la historia de su novela póstuma, pero no se sentía preparado por la infinidad de libros que comenzaban a aparecer con una misma temática: la violencia y la inseguridad, en especial en el norte de México, por lo cual se mostraba reacio a publicarla, hasta que una realidad lo obligó:
“Obviar el asunto de la violencia, del crimen organizado y de la frontera en un entorno sobre el cual siempre había escrito era obviar demasiado. El territorio había sido prácticamente el mismo en su obra, y por lo que si era su geografía escritural, si planteaba ahí toda su imaginería, ¿cómo era posible que no incluyera ese elemento?”
Los detalles los comparte su viuda, Adriana Jiménez, quien de muchas maneras acompañó la escritura de El lenguaje del juego (Anagrama/UANL, 2012), la obra póstuma de Sada, quien vigiló hasta el último momento la novela: “La terminó conforme a como la proyectó de principio a fin; ya estaba muy deteriorado físicamente, pero su manera de enfrentar la literatura era absolutamente la misma de siempre: conservó la lucidez hasta un par de horas antes de fallecer”.
Una historia acerca de una familia que vive en el norte de Mágico, el nombre literario transformado y trastocado por Sada, en donde hay familias que apuestan por el progreso, sin tomar en cuenta una realidad de violencia e inseguridad, en la que los demonios se apropian de los sueños y las realidades.
“Él decía que escribir sobre eso se había vuelto una moda, que reproducía ciertos mecanismos y lugares comunes, y se empezaron a crear fórmulas para tratar los asuntos. Evadía el tema, aunque volvía a cada tanto, hasta que decidió que obviar el tema era demasiado y que iba a entrarle sin renunciar a su apuesta literaria, que es lo que siempre hizo.”
Con conocimiento de causa, por los interminables diálogos que sostenían, Adriana recuerda algunos de los argumentos del escritor sobre la novela, como el convencimiento de que resultaba ya imposible tratar asuntos que transcurren en un cierto territorio de la república, hablar de la vida íntima de los personajes cotidianos y comunes, sin considerar ese otro aspecto, “así que decidió entrarle al asunto, sin caer en lo previsible”.
“Lo que está implícito en la historia es un juego violento, en el que además pierden todos. El juego trágico donde la vida puede perderse en cualquier momento, con una estructura que puede seguirse a partir de la construcción de los personajes, de cómo los va devastando la situación, de cómo todo los determina para llevarlos a la desaparición.”
El lenguaje del juego ni cerca está de ser una denuncia; Sada siempre se mostró reacio a esos asuntos, a la toma de posición política, porque consideraba que esos asuntos lo trascendían: “Había demasiadas sutilezas que él no alcanzaba a comprender como para tomar una posición”.

Jiménez asegura que la novela es la última en la bibliografía literaria de Sada; dejó textos inconclusos y muchas ideas, pero nada como para ser publicado. Trabajaba en un poemario, pero “no pienso publicarlo porque estaba en proceso”.
“Si para cualquier autor es complicado publicar algo no concluido, en el caso de Daniel es menos fácil, porque fue un escritor muy riguroso: no daba un renglón a la imprenta que no hubiese revisado minuciosamente. Entonces, El lenguaje del juego es, en realidad, el último libro (literario) de Daniel.”
Además de las traducciones que se preparan de algunas de sus obras, en proceso está un volumen que recopila sus columnas, prólogos, reseñas y comentarios, que impulsa Editorial Posdata bajo el título Sin mirar a los lados, un homenaje Sada, quien no quería escribir más que literatura, dedicarse por entero a la escritura.


(Entre el material por recopilar, ¿alguien recordará una nota del autor norteño aparecida en la revista "Letras Libres" acerca del benefactor del narcotráfico, Jesús Malverde? Entrevista tomada del sitio "Milenio".)

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