jueves, 23 de junio de 2011

SICILIA: UNA GUERRA AJENA


Javier Sicilia, el poeta mexicano convertido en líder social tras el asesinato de su hijo, ha advertido a los oídos del presidente del país, Felipe Calderón, de que no les iba a gustar lo que estaban a punto de escuchar. Así que tras pedir un minuto de silencio por las 40.000 víctimas de la violencia en México, ha comenzado a decirle a la cara todo lo que desde hace meses ha sido argumento de las sucesivas movilizaciones de la Organización por la Paz, que encabeza.
"Somos las víctimas de una guerra entre ustedes y los 'narcos', una guerra que no es nuestra, pero que padecemos en carne viva", se ha presentado ante el presidente y una larga representación de cargos relacionados con la seguridad del país. Enfrente, junto a Sicilia, se sientan otros que como él han perdido a sus familiares en asesinatos.
"Estamos aquí porque ustedes no han hecho su trabajo, que estemos aquí habla mal de las instituciones y del dinero que se gastan", ha destacado Sicilia al comenzar un encuentro histórico, provocado por la presión social generada por el movimiento ciudadano. "Está obligado a pedir perdón, presidente, por las 40.000 víctimas de esta guerra. Porque el estado ha fallado en su función de proteger al pueblo".
Sicilia, ha reconocido no obstante al presidente mexicano que su Gobierno "no es el responsable del pudrimiento de las instituciones", aunque sí lo ha corresponsabilizado "porque han participado en ese pudrimiento" antes de definir la situación actual del país de "emergencia nacional".
"Hemos venido a pedir justicia", ha aclarado el poeta al presidente, a quien ha acusado también de no haber tomado medidas de prevención para frenar el crimen y la incorporación de los jóvenes a los cárteles, además del aumento del consumo de drogas en el país.
"Usted tiene que reconocer la deuda que el Estado mexicano tiene con las víctimas, con sus familiares", ha instado el poeta a Calderón, que después de esta intervención ha tenido que escuchar los relatos desgarradores de los familiares que han perdido a los suyos sin que las autoridades hayan resuelto sus asesinatos, sin que hayan protegido a hermanos o madres amenazadas por los mismo criminales, sin que hayan evitado más muertes.
"¿Quiere ser recordado como el presidente de los 40.000 muertos?", le ha preguntado Javier Le Barón, el hermano de asesinado líder de una comunidad nemonita de Chihuahua asesinado por plantar cara al 'narco'. "Demandamos que hagan su trabajo, no aceptamos más engaños, mentiras ni injusticia (...) Exigimos, señor presidente, como madre y representante de familias destrozadas, que nos cumplan y den con el paradero de nuestros hijos", le ha instado entre lágrimas María Elena Herrera, madre de cuatro chicos asesinados.
Muchos nombres propios, muchas historias conocidas porque son tan terribles que han ocupado mucho espacio en los medios, mucho dolor acumulado en testimonios que han incluido la invitación al propio presidente de participar en la próxima Caravana de la Paz, que tras su recorrido por el norte del país, está organizando otro hacia la frontera sur, hasta Guatemala, para denunciar la vulneración de los derechos humanos de los inmigrantes centroamericanos.
Sicilia ha recordado a Calderón las demandas del pacto civil propuesto por su movimiento, que exige un cambio en la estrategia de combate al 'narco' "desde una perspectiva de los derechos humanos y no militar" y reformas políticas que favorezcan la participación ciudadana en la toma de decisiones del Gobierno, además de inversiones en educación para ofrecer un futuro a los jóvenes más allá de pasar a la filas del narcotráfico. Ha pedido también medidas contra la impunidad y la corrupción, que consideran causas de mucho de lo que ocurre en México.
En su intervención final, Sicilia, ataviado con una decena de rosarios y escapularios sobre el cuello, ha aclarado que todo eso no era "un look" para la ocasión, sino una parte de los regalos que ha recibido como muestra del dolor de las víctimas a lo largo de la Caravana del Consuelo que recorrió el país. Antes de terminar, se ha quitado dos "para compartir este dolor" con el presidente Calderón.

(¿Qué sigue luego de este encuentro-desencuentro con las autoridades federales? Una marcha al sur para recoger los testimonios de aquellos desamparados que abandonan sus países en busca de trabajo de aquel lado del río Bravo y dar voz a las víctimas de los traficantes ("polleros" o "coyotes") de seres humanos, a los lenones, para exhibir a los comisionados de Migración (INM) coludidos con el crimen organizado. No descansar hasta que la salud y la vida lo permitan. Nota tomada del diario El Mundo, español.)

No hay comentarios: