sábado, 18 de junio de 2011

MONTERREY, LA PLAZA PERDIDA


Los capos mexicanos de la droga y el crimen no solo luchan por el control de las plazas, también lo hacen por los titulares de prensa. A su macabra afición por cortar cabezas añaden una gran habilidad para arrebatarle el relato de la actualidad al Gobierno de Felipe Calderón, bastante ineficaz -según propia confesión- en política de comunicación. Lo que acaba de suceder en Monterrey, capital de Nuevo León y orgullo empresarial de México, supone un buen ejemplo. El miércoles, como respuesta a una ofensiva inédita contra el crimen organizado suscrita por todos los gobernadores de la república, los sicarios se emplearon a fondo. Asesinaron a 35 personas, convirtiendo la jornada en la más sangrienta desde 2007, y asestaron además un golpe de efecto brutal: secuestraron a dos policías de élite adscritos a la escolta personal del gobernador y, después de descuartizarlos, los abandonaron en una céntrica avenida de la ciudad.
        México

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        A FONDO

        Capital:
        Ciudad de México.
        Gobierno:
        República Federal.
        Población:
        109,955,400 (est. 2008)

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      Junto a los restos de los policías -cuyas imágenes los medios mexicanos publicaron sin recato-, los criminales dejaron una cartulina con dos mensajes que los periódicos también difundieron textualmente, pese a que su contenido denigraba a los agentes y profería amenazas contra el gobernador. Los 35 asesinatos -quemados, ahorcados, decapitados- no solo buscaban debilitar al cartel rival o a las fuerzas de la ley, sino recordar a la población quién manda hoy en Monterrey. Hasta Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del Distrito Federal y actual presidente de la Confederación Nacional de Gobernadores, admitió que el alto número de crímenes registrados el miércoles constituía un mensaje: "Se trata de una reacción de la delincuencia. Hay un objetivo evidente de tratar de intimidar a la autoridad del Estado, a su gobernador".
      Quienes sí se sienten intimidados son los ciudadanos, y razones no les faltan. A principios de año, el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, renovó completamente su equipo de seguridad para acometer el rescate de Monterrey. El joven político del PRI actuó a remolque de los grandes empresarios locales, que no estaban dispuestos a permitir que se pierda una ciudad que no solo es la sede de varias compañías líderes en México y en el mundo -Femsa, Cemex, Alfa-, sino también de la universidad privada más importante de México -el TEC de Monterrey-. Medina aceptó, aunque a regañadientes, que un comité formado en parte por profesionales de las principales empresas supervisara su gestión. "Si perdemos Monterrey, ya lo demás está perdido". La frase corresponde al ingeniero Lorenzo Zambrano, líder de Cemex y del TEC, quien añadió en entrevista con este periódico: "No lo vamos a permitir".
      La guerra sigue librándose. Los criminales han logrado tener a la población con el corazón en un puño. Las dos organizaciones que se disputan la plaza -el cartel del Golfo y el de Los Zetas- siguen protagonizando a diario los llamados "narcobloqueos". Un grupo de sicarios roba tres o cuatro vehículos y bloquea las principales avenidas de la ciudad para delinquir a su antojo. Por si el terror que provocan tales asaltos fuera poco, ahora están utilizando a sus víctimas para demostrar su poder. Después de asesinarlas, o todavía agonizantes, las cuelgan de los principales puentes de la ciudad. Ante la vista de todos. Ante la impotencia de la autoridad.

      (Como si le faltasen ingredientes a la pesadilla que vives en medio de la violencia, ahora cuelgan de los puentes a seres vivos y les prenden fuego, te enteras de menores de 16 años que trabajan de sicarias ("halconas" dijo una de ellas), que fueron entrenadas con rifles de asalto y R-15... Nota de Pablo Ordaz, corresponsal de El País en México.) 

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