domingo, 23 de enero de 2011

EL GLAMOUR NARCO

El general Oscar Naranjo, director de la Policía Nacional de Colombia, hoy sabe que aquella foto suya en la portada de una revista de su país era una señal de que empezaban a ganar la guerra en contra de los cárteles colombianos. Que el retrato en la tapa de esa edición de Semana fuera de un policía, y no de un narcotraficante como había ocurrido decenas de veces, hablaba de que también esos espacios estaban siendo reconquistados por las instituciones, desplazando de ellos a los capos. Algo así como exactamente lo contrario de lo que está ocurriendo hoy en México, donde los horarios estelares de los informativos de la televisión y la radio --además claro está de los periódicos-- se llenan con los desplantes verbales de señores acusados de narcotráfico que son entrevistados por importantes comunicadores.


Esta semana, y casi un año después de un altercado en un bar que lo volvió un personaje, fue detenido José Jorge Balderas Garza, conocido por su sobrenombre: El JJ. Aquella madrugada del año pasado se acabaron dos carreras: la de un jugador de futbol paraguayo, Salvador Cabañas, emergente símbolo y efectivo goleador del equipo América, a quien le dieron un tiro en la cabeza que le dejó permanentemente disminuido. Y la de El JJ, prácticamente desconocido hasta entonces pero hoy famoso por la agresión al futbolista guaraní, y quien está acusado por la policía de haber sido desde hace años un importante introductor de cocaína en el Valle de México.

Si fue El JJ el que le disparó o no a Cabañas esa madrugada en el cuarto de baño del Bar Bar es irrelevante. Lo trascendente es que gracias a ese pleito de cantina quedó al desnudo una convivencia entre estrellas del deporte, la farándula y narcotraficantes. Lo que es relevante es que hoy a los periodistas pareciera importarnos más "las causas" de la riña entre dos machos en unos mingitorios, que la evidencia de la presencia, y libre flujo, de los narcotraficantes en lugares nada escondidos (el Bar Bar está en la famosa avenida Insurgentes y la detención del El JJ ocurrió, según las autoridades, en una propiedad del exclusivo barrio Bosques de Las Lomas, una zona donde viven muchos de los ricos de México).
Hay una cosa más que agradecer a este caso. La cobertura mediática de la presentación pública del detenido --ocurrida la tarde del martes y que incluyó sendas entrevistas de las principales cadenas de televisión mexicana, con la lógica reproducción de las mismas en otros medios-- ha provocado un ilustrativo alborozo de los comunicadores y los públicos: las redes sociales y los medios se han saturado con la entretenida pero preocupante conversación sobre la ropa de marca que el acusado traía, la credibilidad de sus reproches al decirse traicionado por sus compinches, las risas que El JJ, como antes su patrón La Barbie, exhibe en horario estelar; la novia colombiana que fue reina de belleza --también detenida con El JJ--,el aspecto atlético del detenido, etc...
Es decir, más que el récord criminal --y el alivio por la caída de un narcotraficante--, lo que nos importa más de El JJ es su aspecto físico y el tema de la riña con Cabañas. Lo que nos embelesa es que es un triunfador. El gobierno, al permitir las entrevistas, se da un tiro en el pie: quién no sueña con una novia colombiana, quién no aspira a ropa de marca, quién no quiere poder decir que vende 18 kilos al mes de cocaína sin salir de su casa, quién no quiere divertirse en los bares de moda y codearse con futbolistas. Qué importa si para poder llegar a eso haya que matar o envenenar. Aplausos al gobierno mexicano, ha creado un nuevo ídolo. En vez de presentar a un individuo postrado por haber sido detenido, la Policía Federal nos ha permitido ver a un insolente, a un señor que aún con las manos encadenadas se ríe de todo. Risas. Palabrotas. Muestra eso, y no miedo, no arrepentimiento.
Antes, al ser presentados ante la prensa, los narcos negaban dedicarse a vender droga. Decían que eran agricultores, o ganaderos. Hoy, lo presumen. Lo de la cocaína, él mismo lo ha reconocido en esas entrevistas, es tan sólo un negocio, su negocio, que --ahora nos cuenta-- creció a partir de la fama que los medios le ayudamos a construir luego del incidente en el baño del Bar Bar.
Porque, puestos a comprar cocaína, ¿a quién no le gustaría adquirirla con los que venden el producto de un personaje que ha logrado evadir a la justicia? Porque, puestos a elegir futuro, ¿a qué joven no le gustará llegar a la fama y estilo de vida de El JJ? Porque, ¿puestos a vender revistas, o tiempo aire, qué periodista se va a resistir ante los encantos mediáticos de este nuevo famoso?

Gracias Gobierno por los Narcos Superstars.


(¿Quién no sueña con un modelo social de éxito como El Chapo Guzmán, que el año pasado se casó con una quinceñera en la sierra de Durango (México) y que Forbes lo caracteriza como uno de los más ricos de su país, quién no admira a la Reina del Pacífico y su sonrisa paciente y dulce cuando la entrevistan en la tele, que confiesa su profesión de vendedora de bienes raíces y ropa de marca; qué adolescente no se queda abierto de boca cuando sabe el oficio de El Ponchis, joven de 14 años, que cobraba en dólares por cada destazado, degollado o balaceado a quemarropa; quién no vio a La Pelirroja pender de un puente peatonal luego que demostró, primero, la sangre fría para secuestrar y extorsionar a su propia familia, que después huyó de la cárcel y terminó semidesnuda y mecida por el viento premonitorio del 31 de diciembre de 2010, en la norteña Monterrey, Nuevo León? Nota recogida del blog de Salvador Camarena, 'àguila y sol', de El País.)

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