viernes, 31 de diciembre de 2010

PRENSA ACORRALADA

El año que termina mantuvo la tendencia de todo el sexenio en cuanto a agresiones contra la prensa en nuestro país. México se mantuvo como el país más peligroso para ejercer el periodismo en el continente, donde se registró el mayor número de asesinatos. En este año se registraron ocho asesinatos y una desaparición en México. El estado más violento contra la prensa fue Guerrero con tres asesinatos y un ataque a las instalaciones de un periódico. Le siguen Coahuila, Michoacán, Nuevo León, Tamaulipas y Chihuahua, todos con un asesinato. Los meses más violentos fueron junio y julio, donde se registraron 40% de los asesinatos. Asimismo, 2010 ha sido el año más peligroso en cuanto a ataques con armas de fuego o explosivos contra instalaciones de medios de comunicación, se registraron 13 ataques, mientras que en 2009 fueron cinco. El estado donde hubo mayor número de ataques contra medios de comunicación fue Sinaloa, con cuatro hechos. Los medios de prensa escrita fueron el blanco en más del 50% de las agresiones. Los ataques contra la libertad de expresión durante 2010 tuvieron diferentes perpetradores dependiendo de la gravedad de la violación. Entre ellos está el crimen organizado, funcionarios públicos y fuerzas de seguridad.




Desde el editorial de El Diario de Juárez hasta el secuestro de los camarógrafos y reporteros de Multimedios y Televisa, este año arrojó nuevas tendencias para silenciar a la prensa. Un ejemplo fue lo que enfrentaron varios medios de comunicación cuando grupos criminales obligaron a las redacciones a publicar ciertas piezas informativas. Esta tendencia de influir en el contenido informativo se volvió más común a lo largo del año, como lo mostraron los casos en Zacatecas, Durango, Saltillo y Michoacán. El constante contacto de los periodistas con criminales ha hecho que en México la autocensura se convierta en una de las medidas de protección más eficaces. Hoy, se puede afirmar: la autocensura provocada por la violencia generalizada es la regla, no la excepción. Cada vez son más los periódicos que toman la decisión de no investigar casos de corrupción en donde se presume que el crimen organizado puede estar involucrado. Es decir, el miedo por buscar la información y procesarla periodísticamente ha dado pie a silencios y omisiones informativas que rompen con el flujo libre y necesario de información en nuestro país.



A pesar que en el presente año grupos informativos nacionales sufrieron casos de violencia contra la prensa, el 85% de los casos violentos se dan contra medios locales. Lo que sigue llamando la atención es que, a pesar de vivir una afanosa ola de violencia contra la prensa, es la misma prensa la que no reconoce el interés traslapado de todos sus miembros para hacer un frente común que demande el fin a la violencia contra los medios de comunicación. Se sigue confundiendo la competencia comercial e informativa con la solidaridad y confianza. Diversos medios y periodistas se aferran a prácticas ancestrales que imposibilita buscar una voz común y fuerte. Durante 2010 se avanzó pírricamente en este sentido, pero aún hay mucho camino por recorrer para hacer realidad una verdadera transición mediática en donde se adopten prácticas periodísticas tales como la adopción de códigos de ética, diálogo con sus audiencias, a las cuales se deben, profesionalización de la profesión y una profunda revisión de su papel ante un clima de violencia como el que vive el país.



Después de años de omisión por parte de las autoridades de su responsabilidad de proteger a la prensa, hubo dos noticias durante 2010 que son pasos positivos. Uno sería la aprobación de 50 millones de pesos por parte de la Cámara de Diputados para la fortalecer la Fiscalía de Periodistas y para ejecutar medidas cautelares a favor de la prensa, y la creación de Comité de Protección a Periodistas, que aunque carece de elementos esenciales puede ser el inicio de un trabajo serio en la materia. Lo indignante es que tuvieron que haber 52 asesinatos de colegas de periodistas para que estas acciones se llevaran a cabo. El año 2011 nos deja tareas pendientes para revertir el silencio que los perpetradores quieren imponer. Algunas de ellas son: desterrar la impunidad a través de investigaciones eficaces, fortalecimiento del periodismo de investigación, medidas de autoprotección, innovar métodos periodísticos para asegurar el libre flujo de la información y combatir la autocensura, elevar el costo político de las autoridades ineficaces, entre otros. Vale la pena recordar durante el 2011 que una prensa silenciada y arrinconada nos perjudica como sociedad.


(Cada año para estas fechas, el mismo recuento: el ciclo que termina ha sido el peor, el más violento, el más despiadado contra los periodistas, principalmente de provincias. Es cierto pero también es verdad que las ONG -Tamaulipas, Oaxaca- se han visto cercadas y hostigadas por el llamado crimen organizado, no se diga mujeres valientes como Marisela Escobedo que murió en la raya reclamando justicia por la muerte de Rubí, de 16 años. Mientras nuestras autoridades celebraron ambos centenarios de los movimientos armados con un derroche injustificado. Pero el año termina y el entrante, dicen los optimistas, será peor. Nota tomada de El Universal. Autor, Darío Ramírez.)

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