sábado, 20 de noviembre de 2010

PIRATAS DE LAS PAMPAS

uno.
Según cifras de la asociación de editoriales de Argentina, el 20 por ciento de la producción de libros en el país es falsificada (pirata) y se distribuye para su venta en la capital, Buenos Aires, y en el interior, Rosario, Córdoba y Mendoza, sin considerar las remesas enviadas al vecino país, Chile; esto se traduce en que dos de cada diez libros que se compran son "truchos" o apócrífos, entre títulos clásicos para estudiantes, best sellers y de autoayuda o autoestima.
   Gracias a una denuncia interpuesta por la editorial, de capital español, Planeta y luego secundada por Aguilar, Taurus, Urano y Alfaguara, el pasado viernes 5 de noviembre se localizaron en seis direcciones 145 mil libros apócrifos, que era distribuidos en pequeñas librerías, entre ambulantes, ferias de libros, librerías independientes y distribuidores al menudeo.
   Además del precio, a veces inferior al 50 por ciento de una edición original y autorizada -por ejemplo, un libro del Fondo de Cultura Económica exhibe un precio de lista de $79 pesos, en la "piratería" se encuentra a quince-, las ediciones falsificadas no portan código de barras, ni el colofón y son libros que se deshojan fácilmente, con portadas a veces perfectas y otras con los colores alterados o distorsionados.

dos.
Caso México. Durante el 2007 se embargaron 300 toneladas de libros, localizadas en bodegas del centro histórico, entre las calles de Donceles y Justo Sierra, en la capital del país, y en la colonia Doctores, en la calle Doctor Velasco, acción que representó el aseguramiento de 740 mil volúmenes, luego de una denuncia interpuesta por el órgano representante de las editoriales, el Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor (Cempro).
   El mismo organismo informó que en el 2006 se incautaron 22 toneladas, en que sobresalieron títulos de interés general y de texto, de nivel básico y universitario, de apoyo y de investigación en las ramas de ciencias políticas y sociales, educación, tecnología y otras especialidas en humanidades y ciencias exactas.

tres.
Caso Zacatecas. Durante el año 2005, se detectó la venta de libros "piratas" en la Feria del Libro que hasta ese año se efectuó en el ex Templo de San Agustín, centro histórico de la ciudad capital, suceso promovido por las autoridades del Instituto de Cultura (IZC) quienes a los vendedores de mercancía apócrifa les aceptaban el pago de la renta por uso del suelo en especie, es decir, el pago se hacía en volúmenes "truchos" (o "piratas"), sin que la denuncia plasmada en los medios informativos impresos les preocupara mayormente, ni al titular del IZC, David Eduardo Rivera Salinas ni a la gobernadora Amalia García Medina.
   Ese mismo año y el siguiente, se denunció que durante la Semana Cultural llegaban libreros fuereños que expendían mercancía sustraída de bibliotecas municipales de Chiapas y Oaxaca pues las ediciones ostentaban los sellos de los lugares respectivos, esto ante la indiferencia de las autoridades municipales, encabezadas en ese entonces por el alcalde Miguel Alonso Reyes, ahora gobernador de aquí al 2016. Silencio ominoso si se considera que esas entidades, Oaxaca y Chiapas, son de las más atrasadas en educación, con una población que padece enfermedades curables y típicas de la pobreza y prevenibles.
   Además de la competencia desleal que significa la circulación de ediciones falsas o "truchos", en la república de la Argentina, el productor de piratería alcanza libertad bajo fianza lo que le da manos libres para la reincidencia. Aunado esto a la facilidad que a los lectores les ofrece el servicio de fotocopiado, que durante el año laboran de sol a sol y en pleno corazón de ciudades universitarias a lo largo y ancho de México.
   Por su parte, el escritor peruano Jaime Bayly confesó en alguna ocasión que cada año asiste a una feria del libro "pirata", donde firma decenas de ejemplares de sus libros, que él mismo autoriza su reproducción para que se publiquen sin restricción alguna, hecho que ha incrementado el número de  lectores y admiradores en el país andino.

Aviso: la nota sobre la piratería en Argentina puede consultarse en clarín.ar

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