lunes, 22 de noviembre de 2010

BOLAÑO PÓSTUMO

El 15 de julio de 2003, el chileno Roberto Bolaño falleció en una clínica de Barcelona tras una complicación de su enfermedad hepática. Lo tenía todo para convertirse en mito: 50 años, una adoración in crescendo entre los escritores y lectores latinoamericanos por la novela Los detectives salvajes ganadora del premio Herralde en 1997 y el Rómulo Gallegos en 1998 y una forma de estar en el mundo nada complaciente. Golpeaba a la vida, se fajaba con ella ("es un trabajo como de minero del siglo XIX", decía de su labor de escritor) aunque luego esta le devolvió un derechazo al hígado.


La publicación en 2004 de la monumental 2666, novela póstuma e inacabada, y la entrada en el mercado de EEUU de Los detectives salvajes en 2007 supusieron la gota definitiva para el estallido de la bolañomanía. Y con ella, las nuevas etiquetas: el triunfo del escritor maldito, del tipo que malvivió en Barcelona, que apenas vendió mil ejemplares de sus primeros libros y que falleció al cumplir el medio siglo. El plato del éxito póstumo ya estaba cocinado.

Varios escritores, críticos y traductores de la obra del chileno homenajean esta semana a Bolaño en la Casa de América de Madrid. Y lo hacen con un objetivo: bajar a la tierra al mito abordando sus cualidades literarias, como su labor poética y sus radiaciones en la cultura contemporánea.
"Me pregunto si este éxito global no es de algún modo una especie de cierre de su obra. Tras su consagración internacional, la crítica parece que ha dejado de poner su acento sobre él. Que se haya convertido en un fenómeno de masas es muy saludable, pero su obra está ahí para ser leída y para ser interpretada de nuevo. Yo creo que hay que leer con Bolaño y contra Bolaño", estima el escritor argentino Patricio Pron, uno de los participantes del homenaje. Pron no está de acuerdo en la lectura romántica que se ha hecho de la figura del chileno en los últimos años: "Esa interpretación de índole biográfica impide que se comprenda que lo suyo fue el triunfo de la literatura sobre cualquier tipo de imposición política", afirma.

Su sucesor en el Premio Herralde, Marcos Giralt Torrente, también cree que tras el éxito póstumo de Bolaño existe bastante artificio. "Se favoreció de la suerte por su muerte prematura y por la necesidad, en aquellos momentos, de tomar un nuevo valor hispano", señala. Como Pron, insiste en que es un autor absolutamente necesario. "Él nos volvió a enseñar cómo se escribe en castellano. Y que todo es la forma. 2666 es un ejercicio alucinante de escritura. Tanto que no deja de extrañar que un escritor tan literario consiga estar en el caballo mediático".

Este misterio está bastante aclarado para el crítico literario Ignacio Echevarría, albacea de Bolaño, que le considera un "escritor total". Si el chileno ha tenido éxito en EEUU se debe a que su obra tiene "calidad, vigor y grandeza". "Bolaño bebe en la literatura norteamericana y se apropia muy personalmente de algunos moldes genéricos, como la novela negra y la ciencia ficción, o la velocidad de los beat", mantiene. De ahí que novelas como Los detectives salvajes, la historia de una generación envejecida, que, sin embargo, conserva el esplendor de la alegría, haya impactado en tantos escritores y lectores jóvenes.
"Yo valoro, sobre todo, el tratamiento de los temas. Bolaño dominaba estilos y lenguajes distintos. Hay cuentos escritos al estilo de Borges. Otros completamente diferentes. Hay que ser muy bueno para escribir textos como Nocturno de chile", dice su amigo personal Antoni G. Porta, también participante en el homenaje. Aunque "si él hubiera conocido este éxito, se lo hubiera tomado con total normalidad", aclara.

Sus lectores siguen a la espera de la publicación de inéditos. "Hablamos de materiales accesorios a una obra cuyo entorno ya está dibujado", apunta Echevarría. Material para que la bolañomanía deje de ser un artificio, donde juega un papel fundamental su poesía. Para el catedrático de literatura española de la Pompeu Fabra, Jose María Micó, también está presente en el homenaje, "siempre que hay un éxito póstumo se corre el peligro de distorsionar la obra. Por eso vamos a hablar de su poesía, que es muy desconocida. Su poesía no es lírica. Tiene una concepción muy narrativa porque es un escritor que va más allá de los géneros. Quedan muchos poemas inéditos y habría que hacer un esfuerzo por reunirlos".


( El espíritu lúdico del Julio Cortázar de Rayuela, ¿influyó en la realización de Los detectives salvajes y 2666?, porque aquél argentino que propuso una lectura de su novela a partir de una secuencia formulada por él mismo está presente en aquel personaje que colgaba un libro en el tendedero del patio en Ciudad Juárez y que cada mañana se asomaba a ver si seguía ahí; y está presente también en la caminata que hace Octavio Paz en el parque hundido de la ciudad de México mientras lo sigue su secretaria. El fallecimiento del narrador chileno hace siete años obliga a un regreso a sus libros, pero obliga también a dejar de verlo como una mina de oro para sus editores, amigos y albaceas, para quienes se dicen herederos del infrarrealismo, que finalmente era de los que abominaba Roberto. La nota se reprodujo del diario español El Mundo.)

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